Psicología Hoy

Episodio #6 Psicología Hoy | Conversaciones con Rodrigo Barraza

diciembre 4th, 2024 by

En el sexto episodio de #PsicologíaHoy conversamos con Rodrigo Barraza, quien es psicólogo clínico y Magíster en Psicología Clínica de la Universidad de Chile, profesor del curso Psicopatología infanto-juvenil UAH y se desempeña como psicoanalista supervisor y docente en el Magíster en Clínica Relacional con Niños, Niñas y Adolescentes UAH.

En esta oportunidad, a partir de la conversación en torno a la publicación del libro “Desbordar el continente. Problematizaciones del saber psicoanalítico a partir del cine japonés”, exploramos la relación entre la cultura japonesa y el psicoanálisis.

Psicología Hoy (n°35): “Especial: Chile Despertó”

diciembre 30th, 2019 by

Nos parece importante finalizar este año con un número especial de Psicología Hoy dedicado al fenómeno llamado #ChileDespertó. Esta “primavera chilena” que ha sido noticia en el mundo entero se inició con la convocatoria de estudiantes secundarios a manifestarse contra el alza en 30 pesos del valor del transporte público en la capital. Este llamado se convirtió en un coro de protesta amplificado ese viernes 18 de octubre: “¡Evadir, no pagar, otra forma de luchar!”. Así la masividad que fue cobrando la protesta social fue explicada a través de otra consigna: “no son 30 pesos, son 30 años”.

Este número presenta cuatro artículos: “Venga de donde Venga” por Renato Moretti, “La cuestión de la violencia y la falta de una educación para el pensamiento” escrito por Antonia Larraín y Elizabeth Lira, “Más allá de la terapia individual. Procesar colectivamente en tiempos de incertidumbre y crisis social” de Francisca Pérez, Carolina Besoain y Ximena Zabala, y “Cuando el esfuerzo no es suficiente: El bienestar laboral como un privilegio” por Pamela Frías y Magdalena Garcés.

Te invitamos a descargar la revista acá.

Psicología Hoy (n°30), “Infancia y Diversidad Familiar en Chile”

junio 7th, 2018 by

Los temas de cuidados y derechos de la infancia no dejan de ser
preocupación social y política, por lo mismo no pueden estar ausentes
del quehacer de la psicología. Desde distintas perspectivas
teóricas y metodológicas la psicología ha buscado aproximarse a la
descripción, análisis y comprensión de la infancia a través de
diferentes preguntas científicas, pero no solo con un afán cientificista,
sino buscando incidir en los debates y políticas públicas.
Incidir en la discusión social y política también ha sido el horizonte
de este boletín desde su nacimiento en 2010. Así este número 30 de
Psicología Hoy lo dedicamos de manera exclusiva a presentar tres
artículos que, desde distintos ángulos, abordan temáticas relacionadas
con la situación de la infancia en nuestro país.

Editorial: Depresión en Chile ¿Un asunto de voluntad?

enero 3rd, 2018 by

Por Evelyn Hevia J. Académica Facultad de Psicología UAH.

Estamos finalizando este 2017 con un número especial dedicado a la Depresión en Chile. Es fin de año, la atmósfera de celebración nos invita a estar con otros, a conectarnos con la alegría: tiempos para encontrarse, intercambiar regalos, bailar y brindar por la vida, pero ¿qué hacer cuando la invitación de estas fechas no es suficiente para sentirse convocado y animarse a celebrar? ¿Acaso se trata solo de un asunto de voluntad para conectarse con el tono emotivo festivo que nos (im)ponen estas fechas?

La pregunta del título de este número tiene por objeto interrogar la creencia social que el paciente con diagnóstico de depresión “tiene mala voluntad o no pone de su parte para sentirse mejor o estar más animado”, reconociendo, al mismo tiempo, el lugar de la voluntad en el abordaje de la depresión en Chile. Porque la depresión no se trata de un asunto de buena o mala voluntad del paciente, sino más bien de voluntad política: este es un asunto del cual hay que ocuparse y hay que hacerlo de manera seria, destinando recursos, generando políticas de prevención y aumentando la inversión en salud pública para mejorar el acceso y calidad de los tratamientos.

Referirse a la situación de la salud mental y al diagnóstico de depresión en Chile, ya resulta desalentador. Según cifras que entrega el Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), en nuestro país hay una prevalencia del 17,2% de la población en general con este diagnóstico y si nos referimos solo a la población femenina la cifra llega a un 25,7% (1).

Se trata de una prevalencia que está por encima del promedio mundial y que resulta preocupante, sobre todo por los altos costos que tiene la salud mental en Chile, lo que complejiza más el escenario. Pero hablar de depresión implica hablar de salud mental y con esto no solo nos referimos al acceso y calidad de la prevención y tratamiento, significa también pensarnos como sociedad, preguntarnos por las formas de vida que estamos llevando y cómo ellas nos llevan, por ejemplo, a desarrollar una excesiva conectividad, pero una escasa conexión social de calidad. La depresión involucra aislamiento, como causa y efecto a la vez.

En el número 29 de este Psicología Hoy, tres académicas de nuestra Facultad abordan la situación de la salud mental y, en particular de la depresión, desde tres enfoques distintos: clínico, neuropsicológico y comunitario. El primer artículo escrito por Paula Dagnino se titula: “Depresión ¿quién es el paciente?”, ofrece una panorámica sobre la temática, entregando evidencias sobre los perfiles de los pacientes con diagnóstico de depresión y sus posibilidades de tratamiento clínico. El segundo artículo, escrito por Teresa Parrao se titula: “Depresión y trastornos cognitivos en la tercera edad”, nos pone frente a uno de los grandes desafíos que tenemos como sociedad, debido al creciente envejecimiento de la población en nuestro país, y la estrecha relación entre depresión y la aparición de trastornos cognitivos en los adultos mayores, tales como la demencia. Por último, Andrea Jaramillo, escribe el artículo titulado: “Depresión y Comunidad”, refiriéndose a la importancia de fortalecer los vínculos sociales y comunitarios como factores protectores de la salud mental.

Con este Psicología Hoy número 29, cerramos nuestras tres publicaciones del año 2017, esperando haber contribuido a generar diálogos con quienes están interesados en distintas temáticas contemporáneas frente a las cuales desde nuestra experticia y diversidad disciplinar podemos ser un aporte para el debate social.


Referencias:

(1) Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad,
ver www.midap.org. Consultado el 10 de diciembre de 2017.

Depresión y Comunidad

enero 3rd, 2018 by

Por Andrea Jaramillo T., académica Facultad de Psicología UAH. Jefa Área Psicología Social Comunitaria.

Como país nos hemos visto progresivamente inmersos en un estilo de vida marcado por el individualismo, que ha afectado nuestra vida cotidiana en casi todas sus dimensiones relevantes, modificando la manera en que enfrentamos el trabajo, la familia, las amistades e incluso nuestro tiempo libre. Estudios han mostrado cómo en la vida de los y las chilenos la socialización se ha ido reduciendo (ver por ejemplo 1), centrando los desafíos y aspiraciones en proyectos personales, con cada vez más exigencias internas y externas orientadas al “éxito”. Este éxito, contradictoriamente, busca el reconocimiento social, apareciendo los otros en la experiencia personal como aquellos ante los cuales deseo demostrar mi valor y mis logros. En esta lógica cobran sentido planteamientos como los de Beck (2), en relación a la vivencia de los otros como amenazas. Yo me las tengo que arreglar por mí mismo/a, pero necesito la valoración del otro, y ese otro no está orientado a mi éxito, sino que a sus propios logros personales.

Indudablemente el análisis es bastante más complejo, y académicamente podemos usar diversas fuentes de las Ciencias Sociales, pero mi intención en este artículo es apelar a la experiencia cotidiana. Cuándo “me alegro” por el éxito de una persona que conozco, ¿qué es lo que realmente siento? Es posible que luego de alegrarme piense en las exigencias que ese éxito pone en mi propia vida y esa inicial alegría vaya dando paso a una sensación de malestar. Progresivamente vamos dejando de preguntar por los otros, no nos “fijamos” en lo que hace el del lado, nuestros proyectos son los importantes, ya sean personales, familiares o profesionales. Me repito que yo soy lo importante, mi bienestar, lo que yo quiero hacer. No debo enfocarme en los demás, pero constantemente están a mi alrededor, en el trabajo, en la familia extensa y, en los últimos años, a través de la tecnología. Vemos en Facebook o Instagram que otra persona publica sus logros, le damos un like, vale decir, “nos alegramos”, pero seguidamente nos surgen pensamientos de malestar y/o de descalificación de los otros y de sus éxitos que amenazan los míos. ¿Me angustio, me enojo, me pongo triste, registro un leve malestar, me deprimo?

Pero en relación a lo anterior hay que hacer algunas diferenciaciones. Hay gente por la que “realmente” me alegro; sus éxitos me enorgullecen, me producen una intensa alegría, se lo merece. Que esa persona se sienta bien me hace sentir bien. ¡Cómo no sentirme bien si tenemos una historia compartida, si he visto su esfuerzo, si en otros momentos yo he sido la persona de los logros y me ha acompañado y se ha enorgullecido por mí! ¿Qué es lo distinto? Posiblemente hay muchos elementos relevantes de analizar, pero uno de ellos es que esta persona está en mi red de apoyo. Tenemos una vida cotidiana en la que se entrelazan sus experiencias con las mías, sus afectos con los míos, sus éxitos con los míos, y sus fracasos también con los míos.

Llegamos así a cómo los cambios sociales (quizás sea correcto decir también culturales y económicos) han limitado la vida comunitaria, en tanto se han ido reduciendo los espacios tradicionales de vínculos con otros, en los que se ponía en juego no solo un intercambio de recursos y apoyos, sino que donde también se construía nuestra identidad. Desde la Psicología Social-Comunitaria se afirma que la vida comunitaria está claramente relacionada con la salud. Los procesos de individualización han afectado a las comunidades y esto ha tenido efectos en la salud mental, siendo la depresión un ejemplo de ello (3). Evidencias empíricas y desarrollos conceptuales permiten afirmar que las transformaciones sociales han reducido el tejido social, destruyendo aspectos claves de las comunidades que se sabe tienen un efecto protector y/o amortiguador frente al malestar y la amenaza a la salud mental.

El bienestar de los integrantes de una comunidad se ve incrementado en presencia de una red social suficientemente amplia y densa, en la que circule apoyo social entre los miembros. Las oportunidades de establecer lazos de manera frecuente y duradera; el apoyo mutuo; el sentimiento de que cada uno es una persona importante para los demás, permiten tener la experiencia de integración social, con vivencias de conexión emocional y seguridad, y representaciones cognitivas y afectivas de una identificación común. Tenemos un sentimiento de pertenencia que contrarresta un mundo social fragmentado, aislado y atomizado (4).

Es importante tener en consideración que la depresión puede ser gatillada por características del contexto social de una persona, pero al ser una relación bidireccional, también puede ser prevenida desde esta dimensión. En este sentido, desde el punto de vista de la intervención, el foco debiese estar puesto en fortalecer los componentes relacionales y comunitarios en espacios como el trabajo, el barrio, la escuela, de manera de fortalecer el sentido de pertenencia como un elemento protector de la salud mental. Como señala Claudia Bang al hablar de promoción de salud mental comunitaria (5):

“Acciones de Promoción de Salud Mental Comunitaria serían aquellas que propician la transformación de los lazos comunitarios hacia vínculos solidarios y la participación comunitaria hacia la construcción de la propia comunidad como sujeto activo de transformación de sus realidades, generando condiciones comunitarias propicias para la toma de decisiones autónoma y conjunta sobre el propio proceso de salud-enfermedad-cuidados”. (p. 243)


Referencias:

1. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2012). Desarrollo humano en Chile. Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo. Santiago de Chile: PNUD Chile
2. Beck, U. (1998). La Sociedad del Riesgo. Hacia una nueva modernidad. Barcelona: Paidós.
3. Krause, M., Güell, P., Jaramillo, A., Zilveti, M., Jiménez, J. P. & Luyten, P. (2015). Changing communities and increases in the prevalence of depression: is there a relationship? Universitas Psychologica, 14, 1259-1268. http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.UPSY14-4.ccip (ISI)
4. Bessant, K. (2011). Authenticity, Community, and Modernity. Journal for the Theory of Social Behavior, 41, 2-32.
5. Bang, C. (2010). La estrategia de promoción de salud mental comunitaria: Una aproximación conceptual desde el paradigma de la complejidad. Facultad de Psicología UBA (Ed.), Memorias II Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología (Tomo 3) (pp. 242-245). Buenos Aires: Facultad de Psicología UBA.

Depresión ¿Quién es el paciente?

enero 3rd, 2018 by


Por Paula Dagnino R., académica Facultad de Psicología UAH. Directora Postítulo en Psicoterapia: herramientas clínicas para la práctica actual.

Según la OMS la Salud Mental se define como “el estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

En el mundo y en particular en Chile una de cada tres personas sufrirá de un problema de salud mental durante su vida y en cuanto al ausentismo laboral, los trastornos de la salud mental son los que siguen liderando las razones de las licencias médicas. De hecho la discapacidad asociada con los trastornos mentales y de abuso de sustancias fue de 7,4% en 2010 (1).

La depresión es una enfermedad costosa y de alta relevancia en salud pública a nivel mundial. En Chile su prevalencia es más alta que en otros países llegando a un 17,2% de la población (1). Esta enfermedad tiene importantes consecuencias para el paciente, su círculo más cercano y la sociedad en su conjunto, ya que se asocia a un amplio rango de indicadores de morbilidad secundaria, además de ser una de las principales causas de discapacidad en el mundo en términos de número total años de vida perdidos ajustados por discapacidad AVISA (1).

A pesar de la relevancia del tema, en Chile el gasto en salud mental llega solo al 2,4% del gasto total en salud, muy por debajo de la recomendación mínima del 7% de la OMS. A pesar de esto, se han realizado esfuerzos por disminuir la prevalencia de los trastornos mentales en el país, es así como por ejemplo la depresión fue incorporada dentro de las patologías AUGE/GES en 2006, sin embargo estos esfuerzos no han provocado una disminución importante de esta patología (1).

La depresión tiene diversas causas y múltiples manifestaciones. De hecho es una condición clínica y etiológicamente heterogénea que evidencia una variabilidad no solo sintomática sino que también de respuesta a los tratamientos (e.j. 2). Estas características particulares, junto con los elementos sociales, son los que no permitirían una disminución de su prevalencia, además de no contar con dispositivos clínicos que se adecúen a sus manifestaciones ni suficiente apoyo social que permita que las personas consulten.

Como se ha dicho las manifestaciones de la depresión son heterogéneas por lo que debe ser entendida y abordada como tal para poder mejorar su tratamiento (2). Varios modelos han dado cuenta de esta heterogeneidad en términos de dos tipos de experiencia que resultan en depresión, por un lado, las disrupciones en la gratificación de las relaciones interpersonales y, por otro, la disrupción de un sentido positivo y eficiente del self. Estos dos tipos de experiencia han sido conceptualizados desde distintas líneas teóricas, como por ejemplo Beck quién desarrolló los conceptos de sociotropía y autonomía para describir esta polaridad, o Arieti y Bemporad quienes hablaron del Otro dominante y el Self Ideal Dominante (6). Un autor relevante es Sydney Blatt, quién con su equipo (e.j. 3) han propuesto dos formas de expresión de la depresión (anaclítica o dependiente e introyectiva o autocrítica), se destaca este modelo por sobre los otros ya que no solo deriva de la teoría sino que también se apoya en la evidencia empírica por lo cual presenta mayor potencial. El estado anaclítico (dependiente) y el introyectivo (autocrítico) son considerados por Blatt como experiencias universales en la población normal; los individuos vulnerables simplemente experimentan más un tipo de depresión que otra (ver Tabla con la descripción de cada estado).

Tabla Nº1. Polaridades de la Experiencia de la Depresión

Anaclítico o dependiente
Introyectivo o autocrítico
Tarea Vital
Relacionarse
Establecer y mantener una definición del Self
Self
Se define primariamente en términos de la calidad de las relaciones interpersonales, la autoestima se regula si se sienten queridos o no
Se define en base a la autonomía, el control, la independencia, y una autoestima basada en el reconocimiento, respeto y la admiracion
Relación con los otros
Intenso anhelo de ser amados, nutridos y protegidos
Evalúan a los otros primariamente en su capacidad inmediata de cuidar, proveer confort y satisfacción
No es una prioiridad establecer ni mantener adecuadas relaciones interpersoanles.
Suelen ser personas solitarias, reservadas, distnates, aparecen insensibles
Estresor que provoca depresión
Separación, pérdida, duelo, rechazo
Fracaso, humillación, herida a la autoestima
Contenido de la depresión
Tristeza, soledad, deseperanza
Autoreproche, culpa, sentimientos de fracaso, ser indignos, inferiores
Implicancias clínicas

Diversos autores han evidenciado que ambos estilos de depresión evolucionan en los procesos terapéuticos de manera diferencial, por lo que la psicoterapia centrada en el paciente, y no en los síntomas, debe ser un dispositivo para su tratamiento. De hecho, se ha visto que los pacientes introyectivos o autocríticos presentan dificultades en la mentalización (4), por lo que ésta se debe fortalecer en el tratamiento psicológico de estos pacientes. Estos mismos autores (4) plantean que estos pacientes muestran un “pseudo insight”, es decir, intelectualizaciones explicativas que ellos llaman hipermentalización, que no es otra cosa que un estado rumiativo, muchas veces de contenido depresivo, por lo que el terapeuta debe estar atento a considerar y trabajar estos contenidos.

Además, los pacientes introyectivos no parecieran responder bien a intervenciones terapéuticas breves (3, 5) ya que están preocupados de su autonomía, no de establecer una alianza, por lo que presentan una resistencia a someterse a una terapia con restricción de tiempo, donde no tienen el control de la situación. Esto es relevante para las políticas públicas de nuestro país, ya que al considerar que los tratamientos indicados según GES/AUGE corresponden a psicoterapias breves, daría cuenta de un grupo de pacientes que no está respondiendo a esta aproximación.

En cambio, los pacientes anaclíticos o dependientes no tienen dificultades para vincularse, las intervenciones que suelen ofrecerse a nivel institucional tanto privado como público (bajo número de sesiones, atención semanal y/o quincenal, etc.) serán suficientes para que se beneficien.

Por lo anteriormente descrito es que resulta todo un desafío la psicoterapia con pacientes depresivos de estilo introyectivo o autocrítico, la que deberá enfocarse justamente al fenómeno de la autocrítica, sobre todo al inicio del proceso, manteniendo permanentemente un monitoreo de la alianza terapéutica y de la autoestima (recordemos la susceptibilidad de estos pacientes en ese ámbito) (6).

La depresión es la enfermedad del siglo XXI y debemos considerar sus múltiples factores y expresiones para enfrentarla. Hasta ahora no se ha logrado responder adecuadamente a esta patología. Es a través de la investigación que se pueden obtener respuestas y guías para aproximarnos a este mal y disminuir el impacto que éste tiene en la vida de las personas.


Referencias

1. Valdés, C. y Errázuriz, P. (2012). Salud Mental en Chile: El Pariente Pobre del Sistema de Salud. Claves de Políticas Públicas, N° 11.
2. Hasler, G. (2010). Pathophysiology of depression: Do we have any solid evidence of interest to clinicians? World Psychiatry, 9 (3), 155-161.
3. Blatt, S.J. (2008). Two Primary Configurations of Psychopathology. En Blatt, S. (Ed.) Polarities of Experiences: Relatedness and Self-definition in Personality Development, Psychopathology and the Therapeutic Process (pp.234-245) American Psychological Assn.
4. Luyten, P., Fonagy, P., Lemma, A. & Target, M. (2012). Depression. En A. Bateman y P. Fonagy (Eds.), Handbook of Mentalizing in Mental Health Practice (pp. 385-417). Washington, D.C.: American Psychiatric Publishing.
5. Marshall, M., Zuroff, D., McBride, C., & Bagby, M. (2008). Self-criticism predicts differential response to treatment for major depression. Journal of Clinical Psychology, 64 (3), 231-244.
6. De la Parra, G., Dagnino, P., Valdés, C. & Krause, M. (2017). Beyond self-criticism and dependency: structural functioning of depressive patients and its treatment. Research in Psychotherapy: Psychopathology, Process and Outcome, 20(1), 43–52. https://doi.org/10.4081/ripppo.2017.236

Depresión y trastornos cognitivos en la tercera edad

enero 3rd, 2018 by

 

Por Teresa Parrao, académica Facultad de Psicología UAH. Jefa Área Psicología Básica.

Para la mayoría de las personas olvidar donde quedaron las llaves o qué iba a hacer de una habitación a otra es parte del envejecimiento. También sería propio de ese momento de la vida sentirse melancólico y triste, debido a la diversidad de factores socio-ambientales asociados al envejecimiento, como el cese laboral o la pérdida de seres queridos. Sin embargo, estos síntomas podrían ser una manifestación de depresión y/o deterioro cognitivo, dos sindromes prevalentes en la tercera edad, comúnmente sub-diagnosticados, que juntos pueden ser la antesala de patologías más graves como las demencias.

Al igual que la población mundial, la población chilena envejece. Las estimaciones del año 2017, basadas en el último censo, indican que en Chile hay alrededor de 3 millones de personas de más de 60 años (1), de las cuales un poco mas del 11% reporta síntomas depresivos (2). Sin embargo, la depresión en el adulto mayor no se presenta con los síntomas más conocidos en el adulto como tristeza o aislamiento, sino que frecuentemente se presenta a través de síntomas físicos o irritabilidad, lo que dificulta el diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado. Empeorando la situación, la depresión en adultos mayores produce síntomas cognitivos como pérdida de memoria y falta de atención, los que agudizan el cuadro, y, peor aún, aumentan el riesgo de desarrollar una demencia.

En 1960 fue acuñado el concepto pseudo-demencia depresiva, para referirse al deterioro de la memoria y de otros dominios cognitivos que imitan una demencia, pero que en realidad están causados por la presencia de depresión (3). Actualmente sabemos que si bien ambas patologías se manifiestan con síntomas similares, hay algunas características que permiten diferenciarlos. En las demencias como la enfermedad de Alzheimer, el comienzo de los síntomas es lento y progresivo. Generalmente los pacientes tienden a minimizar las limitaciones que se van presentando en sus vidas cotidianas y frente a una evaluación se evidencia el esfuerzo en responder acertadamente. Por el contrario, en la depresión la aparición de los síntomas cognitivos es rápida, y el trastorno de las capacidades cognitivas es fluctuante. Los pacientes deprimidos tienden a destacar la gravedad de sus síntomas cognitivos y las limitaciones que ello conlleva, y frente a una evaluación cognitiva destaca el poco esfuerzo en entregar una respuesta adecuada. El patrón neuropsicológico es un elemento central que permite un adecuado diagnóstico diferencial. En el paciente con demencia el trastorno de memoria se caracteriza por ser evidente y no mejorar incluso cuando se le entregan claves (pistas) del material olvidado, mientras que los trastornos disejecutivos (como errores en la organización de la información o la dificultades en el razonamiento lógico) son variables o podrían aparecer solo una vez avanzada la enfermedad. En el paciente deprimido predomina una alteración de la atención y de las funciones ejecutivas, por lo que el paciente se presenta distractil y con dificultades en el pensamiento abstracto y la conceptualización. En relación a la memoria, el paciente deprimido presenta mal rendimiento en pruebas de evocación libre, sin embargo cuando se le entrega información sobre la categoría semántica a la que pertenece el material olvidado, la gran mayoría de las personas logra recuperar la información previamente olvidada. Es decir, la aparente falla de memoria obedece a un problema atencional o de estrategia cognitiva, más que a un problema de aprendizaje, a diferencia del paciente con Alzheimer, quien no mejora su rendimiento a pesar de que se le entreguen pistas ya que la información nueva no ha sido almacenada (4).

Estas y otras características neuropsicológicas y clínicas presentes en ambas patologías cobran mucha relevancia a la hora del diagnóstico diferencial, ya que afortunadamente el tratamiento oportuno y adecuado de la depresión sería también un tratamiento para los síntomas cognitivos descritos, por lo que incluso algunos autores han preferido llamarla demencia reversible.

Por el contrario, cuando la depresión no es detectada ni tratada a tiempo, se convierte en un factor predictor del desarrollo de demencia, por lo que los síntomas que en un comienzo de la depresión imitaban una demencia, sin tratamiento, podrían convertirse en una demencia propiamente tal. La co-ocurrencia de síntomas depresivos y deterioro cognitivo leve lleva a un aumento del riesgo de demencia en 30% más, comparado con sujetos con deterioro cognitivo leve sin depresión (5). Más aún, estudios recientes muestran que síntomas depresivos están dentro de los predictores de demencia más importantes en adultos mayores. Un estudio reciente llevado a cabo en una población de 1965 adultos mayores sin deterioro cognitivo que fueron evaluados longitudinalmente durante 8 años, confirmó que la depresión es un factor de riesgo para la aparición de demencia (6). En conjunto con la farmacoterapia y/o psicoterapia, es de relevancia una intervención psicosocial que incluya la educación de la familia en torno a la depresión y sus efectos en personas mayores.

En conclusión, la detección temprana y el adecuado tratamiento de la depresión en la tercera edad es crucial, no solo por los síntomas propios de la patología, sino porque su manifestación conlleva el potencial riesgo de desarrollar una demencia.


Referencias:

1. Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Actualización de estimaciones de población 2002 – 2020.
2. Ministerio de Salud. (2011). Informe Encuesta Nacional de Salud, ENS, 2009 – 2011. Santiago: MINSAL.
3. Roose, S. & Sackheim, H. (2004). Late-life depression. Oxford University Press.
4. Potter, G. & Steffens, D. (2007) Depression and Cognitive Impairment in Older Adults. Psychiatric Times, Vol (5).
5. Byers, A. & Yaffe, K. (2011). Depression and Risk of Developing Dementia, May 3, 7 (6), 323-331.
6. Wilson et al. (2016). Late-Life Depression is Not Associated with Dementia Related Pathology. Neuropsychology, 30 (2), 135 – 142.

Las fronteras de la psicoterapia y la reparación: algunas reflexiones

septiembre 1st, 2017 by

Por Elizabeth Lira K. Decana Facultad de Psicología UAH, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades 2017.

Soy Ernesto, tengo 27 años. Yo nací en Santiago. A mí me duele un poco conversar todo esto, pero lo hago porque uno viene para acá dispuesto a conversarlo; a veces al encerrarse en uno mismo duele mucho más. Me detuvieron el 11 de septiembre a las tres de la tarde… estuvimos incomunicados en una celda oscura durante 22 días, donde se libró el Consejo de Guerra y no tuvimos derecho a defensa, en absoluto, nada, pura tortura e interrogatorios, torturas e interrogatorios y nada más. Había compañeros enfermos con nosotros, algunos estábamos quebrados. No fuimos llevados al Consejo, no tuvimos derecho a defensa y fuimos condenados a presidio perpetuo. Yo acabo de salir de la cárcel, el sábado en la mañana a las diez y media… (Extracto testimonio, abril 1978)¹.

Han pasado casi 40 años de este registro realizado con un grupo de ex presos políticos que se encontraban tramitando la conmutación de la pena de cárcel por extrañamiento. Obtenida la visa como refugiado en distintos países del mundo se autorizaba su salida, a veces solos, a veces con sus familias. Hasta 1979, países con idiomas desconocidos recibieron a miles que eligieron el exilio, a pesar de su deseo de vivir en Chile, para recuperar su libertad, sus vidas y sus familias.

Un equipo de psiquiatras, psicólogos y asistentes sociales formaban el Programa Médico Psiquiátrico de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) desde fines de 1977 y ofrecían un programa de orientación al exilio para esos ex presos políticos y sus familias. El pasado reciente de las terribles experiencias vividas y la futura experiencia de exilio, soñada como la libertad aunque implicaba perder el derecho a vivir en la propia patria, eran los temas de las sesiones realizadas, según los casos, de manera individual, familiar o grupal.

La atención de emergencia inicial dio lugar a otras modalidades acordes con los motivos de consulta de familiares de detenidos desaparecidos y de familiares de ejecutados políticos así como de ex presos políticos que permanecían en el país y sus familias. La mayoría de ellos enfrentaban la imposibilidad de encontrar empleo a raíz de la persecución y la cárcel; tenían condiciones de precariedad material, a veces extrema, viviendo con muchas tensiones y conflictos. Muchos de los consultantes presentaban sintomatología angustiosa y depresiva concordante con las experiencias vividas y las difíciles condiciones de vida posterior. Comunicaban la ruptura de sus proyectos vitales, la pérdida de sus soportes y relaciones sociales y sus inseguras condiciones de sobrevivencia.

La discusión teórica y práctica sobre una conceptualización diagnóstica útil implicó identificar y caracterizar las situaciones represivas específicas y el proceso que se desencadenaba en los sujetos y en las familias, incluyendo aspectos contextuales. La tortura y la desaparición forzada son delitos contra la humanidad. También son experiencias traumáticas. Muchas familias estuvieron expuestas además a la hostilidad y la amenaza constante en barrios, poblaciones o localidades rurales. Muchas personas sufrieron traumas acumulativos durante años. La reacción subjetiva a estas experiencias ha dependido de la singularidad de los recursos de cada persona y de sus límites y carencias; pero también de las condiciones de apoyo y solidaridad recibidas y de las posibilidades de tratamiento psicológico oportuno.

Las políticas estatales de verdad, justicia, reparación y memoria desde 1990 en adelante han tenido como objetivo el reconocimiento y la reparación de las víctimas. Han sido importantes para restablecer sus derechos. Se han ofrecido servicios de salud y salud mental en el Programa de Reparación Integral de Salud (PRAIS) en el sistema público de salud en todo el país, para las víctimas y sus descendientes desde 1991, continuando y ampliando la experiencia de los equipos de salud mental de los organismos de derechos humanos que atendieron a las víctimas durante la dictadura. Sin embargo, es imposible ignorar la gran brecha entre el sufrimiento vivido, los atropellos denunciados y la verdad y justicia alcanzada para la mayoría de las víctimas. Las políticas de reparación no pueden compensar la dimensión irreparable asociada a las pérdidas de personas amadas; las separaciones y rupturas en las familias, la pérdida de los medios de subsistencia y la pobreza subsiguiente; la vulnerabilidad como secuela de las experiencias traumáticas; la cronicidad física y emocional de ciertos daños que se manifiestan en enfermedades y dolores de difícil tratamiento; la vivencia de la amenaza y el miedo durante la infancia y los miles de sufrimientos y duelos que han quedado encapsulados en las consultas recurrentes con profesionales de salud mental, causados por crisis vitales o hechos políticos que pueden reactivar un padecimiento de larga data.

Las posibilidades y los límites de las intervenciones terapéuticas han quedado asociados a los efectos emocionales motivados por las intervenciones del Estado, tanto en el reconocimiento de las víctimas como en relación con la impunidad o la sanción judicial de los responsables de estos crímenes. Sin embargo, toda intervención se enfrenta al impacto destructivo de los hechos criminales a lo largo del tiempo, especialmente de la tortura y la desaparición forzada en su doble condición de experiencias traumáticas y delitos contra la humanidad.


¹ Registro personal de la autora.

Espacio terapéutico grupal en mujeres víctimas de tortura sexual

septiembre 1st, 2017 by


Por María Isabel Castillo y Margarita Díaz, académicas Magíster Psicología Clínica Trauma y Psicoanálisis Relacional (ILAS – UAH)

Desde Marzo de 1988, el Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos (ILAS) ha realizado atención psicoterapéutica a víctimas de violaciones graves a los derechos humanos.

Estas situaciones las denominamos “traumatizaciones extremas”, con ello nos referimos a las que, originadas en el contexto político social de la dictadura militar (1973-1990), dieron origen a experiencias ligadas directamente a la tortura, a la muerte y a la desaparición, como una forma del ejercicio del poder (1).

Las experiencias traumáticas se caracterizan por su cualidad, su amplitud como por su falta de legitimidad social (la desmentida social), que perduró en la sociedad chilena durante décadas, y que no logran ser asimiladas en la estructura psíquica de las personas afectadas La sintomatología psíquica y física de las víctimas se convierte en el único “recuerdo” del trauma.

Para una parte importante de la sociedad chilena la tortura, como un método masivo de represión, de amenaza y silenciamiento, solo fue una realidad después de los 35 mil testimonios de la primera Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (CNPPT), conocida también como Comisión Valech 2003 -2004.

La vinculación con el contexto social es un eje central de nuestro trabajo psicoterapéutico con las personas que han sufrido violaciones a los derechos humanos.

Después de la declaración en la Comisión Valech, realizamos varios grupos de mujeres que, estando detenidas, sufrieron tortura sexual cuando tenían entre 17 y 24 años. En el momento de realizar los grupos, ellas tenían entre 50 y 60 años. Había pasado entre 25 y 30 años de haber sufrido la experiencia de detención y nunca habían hablado de la situación de tortura.

El contexto en el que se vive la experiencia de tortura sexual le señala a la mujer torturada, su inermidad y soledad. El mundo interno y externo se confunden en su cuerpo apartado, vendado y cansado en manos de un poder arbitrario y cruel, dispuesto a maltratarlo y, “si es necesario”, a destruirlo. Desprovisto de recursos materiales para defenderse, enfrenta una amenaza radical a su integridad física y psíquica, sin tercero a quien recurrir. Su vida y muerte dependen absolutamente del torturador. (2, 3)

La mayoría de nuestras pacientes dicen: sentirse “atemorizadas, muy desconfiadas, humilladas, avergonzadas e incluso culpables hasta hoy día”. Relatan cómo estos sentimientos se cronificaron debido al aislamiento y marginalidad que caracterizó la estigmatización de las víctimas, que implicó la pérdida de redes sociales y la dificultad de la inserción social y laboral

Pensamos que la subjetividad dañada de mujeres víctimas de la prisión y la tortura se puede reconstruir en el espacio intersubjetivo creado por todas las participantes del grupo, incluidas las terapeutas. Así, el grupo terapéutico se convierte en un espacio potencial (“holding, handling y presentación de objeto”) que reconstruye la confiabilidad del espacio “entre”: entre el sujeto y el ambiente, entre el sujeto y el otro. Es el espacio que reconstruye la subjetividad a partir de una relación dialéctica de reconocimiento con el “otro”, el lugar de la cultura, de la creatividad y el juego, “el lugar que permite la experiencia de estar vivo” (4).

De esta manera, el espacio del grupo, a pesar del horror y la desesperanza que contiene, también es un espacio de reconocimiento y validación. Cada una se ve reflejada en la experiencia de la otra y valida, con su participación, al resto de las mujeres del grupo.

Podríamos decir que las pacientes cuentan con un referente real y un espacio para dejar que aparezcan los recuerdos y las traumatizaciones, sin el temor o la angustia de que los fantasmas se conviertan en delirios. El setting se re-convierte así en un espacio social, que confirma su experiencia de padecimiento, ya que ella ha sido negada y desmentida en otros espacios sociales (2).

El trauma queda congelado en un presente eterno que atrapa y que retorna permanentemente. El trauma altera la temporalidad, se vive en un estado de alienación y extrañeza como en una realidad diferente a la de las otras personas, permaneciendo de alguna forma aislado del diálogo humano (5).

Es, particularmente, significativo lo que va ocurriendo al ir abordando las situaciones traumáticas, la persona quien relata, muchas veces no tiene las palabras para abordar lo que vivió y son las otras integrantes que van constituyendo un tejido de palabras y afectos ligados a la experiencia, donde la presencia de las otras y el reconocimiento permiten ir adentrándose en ese “hoyo negro” de la experiencia que fue congelada, para que sea validada como experiencia y le den sentido de realidad.

Frente a la impotencia y el desvalimiento aparecen recursos que le permitan “recuperarse”, pensar que pueden revertir la situación de violencia y desprotección a la que fueron sometidas.

En las últimas sesiones del grupo terapéutico las mujeres verbalizan el significado de la experiencia terapéutica grupal compartida, en el proceso de historización y reconstrucción de su subjetividad, reconociendo la presencia de la marca de la tortura, que hoy día forma parte de su historia pasada. Las integrantes del grupo validan la experiencia grupal, como un espacio de reconocimiento, no solo de lo que vivieron, si no de ellas mismas como personas.


Referencias
1) Castillo, M.I. & Becker, D. (1990) Procesos de traumatizaciones extremas y posibilidades de reparación. Santiago: ILAS.
2) Castillo, M.I. (2013). El (im)posible proceso de duelo . Familiares de detenidos desaparecidos: violencia política, trauma y memoria. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
3) Castillo, M.I.; Gómez, E. & Kovalskys, J. (1989). La tortura como experiencia traumática extrema: su expresión en lo psicológico, en lo somático y en lo social. En CODEPU (1989). Tortura: Aspectos médicos, psicológicos, sociales. Prevención y Tratamiento. Santiago: Ediciones CODEPU.
4) Odgen, T. (1985) En torno al espacio potencial. En: Int J. PsychoAnal (1985) 66, 129
5) Storolow, R.D. (2007). Trauma and Human Existence. Autobiographical Psychoanalytic and Philosophical Reflection. New York: The Analytic Press

Editorial El quehacer de la psicología en el contexto de las violaciones a los Derechos Humanos en Chile

septiembre 1st, 2017 by

Por Evelyn Hevia J, académica Facultad de Psicología UAH

El trabajo que psicólogas y psicólogos han desarrollado en el contexto de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura cívico-militar chilena ha valido el reconocimiento de la comunidad de pares y de la sociedad tanto a nivel nacional e internacional, formando parte hoy de la historia reciente de nuestra disciplina y un legado para la formación de nuevas generaciones de profesionales y académicos.

En el contexto del trabajo clínico, dedicarse durante la dictadura a la atención de víctimas de violaciones a los DDHH implicó al menos dos rupturas: una epistemológica y otra metodológica. En el primer caso, implicó desafiar las compresiones psicologicistas que centran el análisis del daño y del sufrimiento en el individuo y su biografía. En dicho contexto, éstos no podían explicarse sin atender al complejo escenario socio-político de los sujetos que demandaban atención. También, exigió romper con el tradicional setting, donde éste debía ajustarse a las condiciones de amenaza política del país, que no hacía distinciones entre pacientes y terapeutas. En términos metodológicos, daño y sufrimiento debían ser atendidos de manera interdisciplinar, por tanto el trabajo de reparación requería también de médicos, trabajadores sociales y abogados.

Por otra parte, en tiempos donde la urgencia era actuar, estos profesionales tuvieron una visión y vocación investigativa: fueron sistematizando, estudiando y escribiendo su experiencia, legando -a quienes venimos tras su senda- un aprendizaje y una nueva forma de hacer psicología. Una buena síntesis de este legado se puede hallar en el libro “Lecturas de psicología y política: Crisis política y daño psicológico”, recientemente re-editado por Elizabeth Lira y publicado por la Editorial de nuestra Universidad.

En el número 28 de este Psicología Hoy, presentamos tres artículos que muestran el trabajo de dos generaciones de psicólogas que se han ocupado de estos temas: dos de ellos escritos por quienes trabajaron durante la dictadura y lo hacen hasta el día de hoy y, uno, escrito por una psicóloga y académica que ha seguido por esta senda. El primer artículo titulado “Las fronteras de la psicoterapia y la reparación: algunas reflexiones”, nos presenta una perspectiva panorámica del trabajo en este contexto, escrito por Elizabeth Lira, cuyo nombre ha sido referencia obligada para quienes estudiamos estas temáticas. El segundo, “Espacio terapéutico grupal en mujeres víctimas de la violencia sexual”, escrito por María Isabel Castillo y Margarita Díaz, académicas del Magíster de Trauma de nuestra Universidad y que han contribuido a la formación de clínicos en estas temáticas dada su vasta trayectoria en ILAS y en la atención a víctimas de violaciones a los DDHH, su artículo aborda el trabajo clínico desarrollado con mujeres que sufrieron una de las formas de tortura más compleja de abordar, que, a su vez, constituye uno de los símbolos de la barbarie del terrorismo de Estado desplegado durante la dictadura y que por lo mismo, nos resulta importante de integrar en el análisis del daño y la reparación. Por último, está el artículo aportado por Ximena Faúndez, académica de la Universidad de Valparaíso, invitada de manera especial a este número, cuyo trabajo de investigación aborda una temática que hace visible la importancia de continuar trabajando y estudiando los efectos de la dictadura en el presente: “Transmisión Transgeneracional del Trauma Psicosocial: Nietos de ex presos políticos de la dictadura cívico-militar chilena”.

Transmisión Transgeneracional del Trauma Psicosocial: Nietos de ex presos políticos de la dictadura cívico-militar chilena

septiembre 1st, 2017 by

 

Por Ximena Faúndez Abarca, Profesora Escuela de Psicología e Investigadora del Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Cultura Política, Memoria y Derechos Humanos de la Universidad de Valparaíso

Existen diferentes términos que describen la transmisión del trauma psicosocial, es decir la herencia de experiencias traumáticas, producidas por conflictos sociales, a las generaciones que no vivieron los hechos. Algunos autores propone hablar de aspectos intergeneracionales del trauma, otros trabajan con el concepto legado multigeneracional del trauma, otros, usando los principios freudianos, plantean el concepto transmisión transgeneracional del trauma. En todos los enfoques, la familia juegan un rol primordial como agente socializador y transmisor del pasado.

Los desarrollos teóricos sobre la transmisión transgeneracional del trauma desde perspectivas sistémicas han hecho hincapié en dos procesos distintos en el desarrollo familiar: patrones familiares multigeneracionales y los procesos y eventos del ciclo de vida familiar. En esta línea, Boszormenyi-Nagy y Spark(1) sostienen que ciertas pautas relacionales se transmiten a los miembros de la familia a través de la lealtad y el endeudamiento de unos a otros. Estos autores señalan la existencia de tramas de lealtades invisibles en las familias, lo que implica la existencia de expectativas estructuradas de grupo, en relación con las cuales todos los miembros adquieren un compromiso. Estas lealtades invisibles moldean y dirigen el comportamiento individual.

Inicialmente la investigación se centró en los aspectos psicopatológicos de la segunda generación de sobrevivientes del Holocausto, señalándose la presencia de síntomas tales como depresión, ansiedad, fobias, culpas y problemas de separación, asociados a patologías en los padres.

La alta frecuencia con la que los hijos experimentaban estos síntomas y el sufrimiento asociado a las experiencias de trauma psicosocial, llevó a los investigadores a explorar las relaciones familiares, encontrándose tres hallazgos principales: En primer lugar, dificultades en la disponibilidad emocional de los padres hacia los hijos. En segundo lugar, patrones problemáticos de comunicación, ya sea exceso de comunicación o silencio absoluto sobre las experiencias de traumatización. Por último, el sobre involucramiento de los sobrevivientes en la vida de sus hijos, haciendo extremadamente difícil su autonomía.

En relación a las dictaduras militares de Latinoamérica, se ha desarrollado una amplia investigación en torno a los efectos en las víctimas de persecución política como en sus descendientes de segunda generación.

Investigadores de Argentina, señalan dos tipos de efectos en los hijos de los detenidos desaparecidos. Por un lado, la falta de apuntalamiento para el desarrollo y crecimiento de los niños debido a la desaparición de uno o ambos padres, que puede llevarlos, por ejemplo a presentar rasgos de sobre adaptación social, asumiendo roles adultos. Y en segundo lugar, destacan los efectos en la identidad personal de la segunda generación.

En Chile, los profesionales de ILAS, CINTRAS y CODEPU, dedicados a la atención de víctimas-sobrevivientes, han estudiado las consecuencias del trauma tanto en las víctimas directas como en sus familias. En cuanto a la transmisión transgeneracional específicamente han estudiado los efectos del trauma extremo en hijos de perseguidos políticos durante la dictadura militar (2,3,4,5).

Estos profesionales coinciden en señalar que el trauma de las víctimas de persecución política se incorpora en un tipo de dinámica relacional que dificulta el proceso de individuación y formación de la identidad de los hijos. Los hijos de familias afectadas han sido y siguen siendo confrontados con una serie de mandatos, expectativas y legados que impactan directamente en la realización de sus proyectos de vida.

Los estudios de transmisión del trauma a la tercera generación son escasos, sin embargo cada vez existe más evidencia que da cuenta de la transmisión del trauma a la tercera generación. Los resultados de estos estudios concuerdan en señalar que las experiencias traumáticas, provocadas por violencia política, tienen efectos transgeneracionales. La dinámica de evitación y silencio en torno a la experiencia traumática caracteriza las relaciones al interior de las familias de las víctimas, determinando la relación de los nietos con la experiencia traumática.

En Chile, un estudio reciente (6) indagó en específico el fenómeno de la transgeneracionalidad del trauma psicosocial en nietos de víctimas/sobrevivientes de prisión política y tortura de la dictadura cívico-militar chilena. Una de las principales conclusiones de la investigación es que la historia de vida de los nietos de ex presos políticos se inscribe en una lógica de transmisión y apropiación transgeneracional del trauma psicosocial asociado a la historia de prisión política y tortura. Los participantes presentaron un alto grado de conocimiento respecto de la historia de prisión política de sus abuelos. Entre los contenidos narrados, destaca la descripción de la imagen en torno a la escena de detención de sus abuelos, la que emerge en el relato, imaginada y reconstruida por los nietos, como un elemento articulador de sus narraciones. Sin embargo, los relatos no logran decir en palabras el acontecimiento de la prisión política en su unicidad. Narrar la tortura es un imposible, un irrepresentable por lo menos a nivel del discurso.

Los relatos de los nietos ponen en evidencia el conflicto que aún enfrentan las familias de ex presos políticos chilenos. Los nietos, revelan en la construcción de su historia, una vida marcada por lo ominoso del trauma de la tortura y la percepción de un contexto social que permanece indiferente al sufrimiento de sus abuelos y familias, lo que les obliga a mantener la adhesión a las normas de silencio y negación que acentúa la mantención del “encapsulamiento” familiar del trauma.

Se considera importante y necesario continuar desarrollando investigaciones sobre el impacto de la dictadura cívico-militar chilena en las actuales generaciones, estos estudios pueden aportar conocimiento útil para el desarrollo de políticas de reparación que permitan el reconocimiento social de la historia familiar de las víctimas de la violencia política. Además, contribuyen con elementos teóricos para el análisis y comprensión respecto a la importancia que tienen en el presente las historias personales de los chilenos y estos acontecimientos del pasado social traumático.


Referencias
1. Boszormenyi-Nagy, I. & Spark, G. M. (1983/2003). Lealtades invisibles: Reciprocidad en terapia familiar intergeneracional. Buenos Aires: Amorrortu
2. Lira, E., Becker, D. & Castillo, M. I., (1989). Psicoterapia de víctimas de represión política bajo dictadura: Un desafío terapéutico, teórico y político. En D., Becker & E., Lira (Eds.), Todo es según el dolor con que se mira (pp. 29-65). Santiago: ILAS.
3. Faúndez, H., Estrada, A., Balogi, S. & Hering, M (1991). Cuando el fantasma es un tótem: perturbaciones en las interacciones afectivas de adultos jóvenes, hijos de detenidos desaparecidos. En P. Rojas (Ed.), Persona, Estado, Poder. Estudios sobre salud mental (pp. 223-241). Santiago: Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo.
4. Díaz, M. (1995). Familia y represión política: trauma y contexto social: consecuencias transgeneracionales. Proposiciones, 26, 208-219.
5. Becker, D. & Díaz, M. (1998). The social process and the transgenerational transmission of trauma in Chile. En Y., Danieli (Ed.), International Handbook of Multigenerational Legacies of Trauma (pp. 435-445). New York: Plenum Press.
6. Faúndez, X. (2013). Transgeneracionalidad del trauma psicosocial en nietos de ExPP de la dictadura militar chilena 1973-1990: Transmisión y apropiación de la historia PPT Tesis doctoral, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Comunidad Universitaria UAH rinde homenaje a Elizabeth Lira

agosto 31st, 2017 by

“Les agradezco mucho todas la cosas lindas que han dicho. Eso hace bien, uno se siente muy bien, pero hay que seguir trabajando. Así que hasta más rato”. Con esa frase, que recalca el esfuerzo, la dedicación y el compromiso por el trabajo, la investigación y la docencia, Elizabeth Lira, Decana de la Facultad de Psicología, cerraba el acto que la celebraba en el Aula Magna de la UAH.

Con un lugar lleno, nuestra Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, recibía el cariño de la comunidad universitaria.

El rector, Eduardo Silva SJ, aseguró en su discurso que “es evidente que la premiación de Elizabeth es un regalo para ella, pero es un regalo para la Universidad. Ella encarna lo que entendemos por un proyecto académico, integrador y complejo. Elizabeth es investigadora y es formadora”.

“Ahora como Universidad y como país, debemos hacer todo lo posible por estar a la altura del camino que Elizabeth nos ha invitado a transitar. Gracias Elizabeth, por tu vida, por tu compromiso, por tu coherencia, por tu servicio académico. Has llegado a ser plenamente lo que somos y queremos ser. Nos alientas, nos indicas el camino que estamos llamados a recorrer”, añadió.

Minutos antes, la Académica de la Facultad, Evelyn Hevia, había dirigido palabras a quien considera su maestra. “Ella ha fundado una nueva disciplina, una disciplina que transgrede modelos y categorías teóricas típicas de la ciencias sociales, como por ejemplo la de “víctima de la violencia política”, donde hace visible que tras de esta categoría no solo hay una abstracción teórica o un paciente cuyo sufrimiento atender, sino que hay una historia de una sociedad que hay que desentrañar”, señaló.

La ceremonia, además contó con el ex rector Fernando Montes SJ, Jorge Costadoat SJ, el Vicerrector Académico, Pedro Milos, el Vicerrector de Integración y Director de la Dirección de Cooperación Internacional, Sebastián Kauffmann y el Vicerrector de Administración y Finanzas, Claudio Dodds. En representación de las Facultades, estuvieron presentes la Decana de Ciencias Sociales, Paulette Landon, la Decana de Educación, Cecilia Langdon, el Decano de Derecho, Rafael Blanco y el Decano de Filosofía y Humanidades, Eduardo Molina.

Niños internados sin cuidados parentales.

enero 3rd, 2017 by

Por Paulina Ramírez Restucci, supervisora Programa Vínculos Tempranos UAH y Camilo Morales Retamal, Magíster en Clínica Psicoanalítica con niños y jóvenes UAH.

 

En 1990 el Estado chileno ratificó la Convención Internacional de los Derechos del Niño (CIDN), y con ello se comprometió a la tarea primordial de diseñar e implementar una política de protección de derechos destinada a los niños, niñas, adolescentes y sus familias en circunstancias de riesgo y vulnerabilidad social. Sin embargo, la serie de dolorosos acontecimientos en las instituciones de protección del Estado y de Organismos Colaboradores, de las que hemos sido testigos en los últimos años, nos muestra como el Estado y nuestra sociedad mantienen vigente una deuda significativa ante el sufrimiento de aquellos niños más vulnerables que se encuentran separados de su medio familiar y comunitario habitando indefinidamente contextos de internamiento.

En Chile la internación de niños ha sido un medio frecuente de protección a la infancia gravemente vulnerada y se ha mantenido vigente desde 1758 cuando se fundó la primera casa de expósitos de Santiago1 . Actualmente, el ingreso de un niño a una residencia de protección es una medida considerada como excepcional y transitoria, ya que debiese ser la última alternativa que se toma frente a un caso de grave vulneración de derechos.

El ámbito de los cuidados alternativos en nuestro país para los niños y niñas que se encuentran separados de su familia y en ausencia de cuidado parental, ha tendido a privilegiar por décadas el sistema residencial a pesar de la evidencia científica y comparada que, sistemáticamente, ha documentado el impacto negativo que esta situación genera sobre el bienestar y los derechos de los niños y niñas. Desde los años 50 se advierte sobre los graves efectos que tiene para un niño la experiencia de desvinculación de su medio familiar, la internación prolongada en sistemas residenciales y el desarraigo de sus contextos comunitarios y sociales 2-7.

A nivel global se ha hecho un llamado a la acción para modificar esta insostenible situación generándose así la articulación de diversas organizaciones sociales, en Latinoamérica y Europa principal- mente, que han promovido e implementado cambios sustanciales que apuntan a prevenir la separación de un niño de su medio familiar, establecer contextos de cuidado alternativo más idóneos para un niño y generar todas las acciones necesarias para los procesos de revinculación familiar como una solución definitiva.

Lamentablemente en Chile sigue predominando la cultura de internamiento, que se contradice el enfoque de derechos. Las actuales características y dinámicas de los contextos residenciales, el mecanismo de financiamiento de estos programas y las condiciones en las que los equipos interventores deben realizar su tarea, dan cuenta cómo el sistema de protección residencial sigue operando desde un paradigma tutelar que concibe al niño/a como un objeto de la protección estatal y no como sujeto de derechos, poseedor de una historia de vínculos de pertenencias y lazos afectivos los cuales no son suficientemente reconocidos y respetados.

El actual contexto de crisis del SENAME que no da garantías de proveer los cuidados y protección mínimos para niños y niñas que han sufrido vulneraciones de derechos y deben ser separados de su entorno de origen. Esta situación reafirma la necesidad de generar intervenciones que pongan al centro al niño en una compresión que integre a su familia y a su comunidad.

Cada vez existe mayor consenso a nivel internacional que el cuidado residencial no es compatible con los derechos del niño y con los derechos humanos. Por lo tanto, es una urgencia modificar e incluso disminuir de forma considerable los sistemas residenciales. Dentro de las prioridades que se recogen a nivel internacional se destacan cuatro aspectos: (1) disminuir las instituciones de cuidado residencial dando cabida a soluciones basadas en el cuidado de la comunidad, (2) prevenir la separación de los niños de sus padres con los apoyos y soportes necesarios, (3) preparar y acompañar los procesos de revinculación de los niños y sus familias que han pasado por la experiencia de internación, (4) generar procesos de adopción basados en el derechos a la identidad y en el respeto por los vínculos y la historia de origen del niño.

Desde las Directrices de Cuidados Alternativos de Naciones Unidas2 se establece claramente la importancia de evitar la internación de niños menores de 3 años en contextos instituciona- les masivos y lo relevante que es generar estándares y características residenciales que promuevan el cuidado integral, junto con la preservación de los vínculos afectivos y de origen. Una residencia cuyo objetivo es la reparación debe plantearse como tarea primor- dial, no sólo acoger al niño con sus dificultades, sino que también debe ser capaz de brindarle un lugar a la familia y a la comunidad de la que proviene, entendiendo que el contexto residencial tiene como función propiciar un espacio de encuentro e intercambios que haga posible la reconstrucción de una relación que ha sido rota y marcada por una violencia que el niño no puede asumir por sí solo. Trabajar por la restitución de los derechos de un niño implica considerar su contexto histórico y vincular, independiente si la solución definitiva es el retorno a su familia de origen o la restitución del derecho a vivir en familia a través de la adopción.

El reconocimiento del niño como un sujeto de derechos implica considerarlo en toda su dimensión humana: historia, vínculos, contexto, necesidades, etc. Siendo esencial incorporar en esta visión la posibilidad de contar con espacios para el registro y la memoria de modo tal que sea posible responder a preguntas como: ¿quién ese niño?, ¿de dónde proviene? ¿cuáles son las circunstancias que ha debido enfrentar antes y durante la internación?

Esta labor se convierte en una responsabilidad ineludible para los adultos que se hacen cargo del niño durante sus cuidados temporales, para que, a pesar de las fracturas en la historia vincular el niño, pueda tener alguna forma de continuidad de su experiencia.

Si bien los esfuerzos del Estado en los últimos años han apuntado a la ampliación de la oferta no institucional para garantizar el derecho a vivir en familia, aumentando progresivamente la cober- tura de niños en Familias de Acogida, siguen existiendo brechas significativas que distan sustancialmente de estándares que promuevan permanentemente el bienestar y la protección de los derechos de los niños separados de su medio familiar. Algunos de los problemas que se observan en la actualidad tienen relación con separaciones injustificadas de niños de sus contextos familiares, acciones limitadas para promover el vínculo del niño con su familia de origen, evaluaciones de la situación familiar y del niño de forma unilateral y única que no permiten tener una mirada integral del caso generando numerosas veces decisiones sesgadas, escasa preparación del niño y de la familia para el egreso y posterior período de adaptación. Este último punto requiere una inyección importante de capacitación y recursos de apoyo en la etapa posterior al egreso del niño, siendo esto clave para que la reinserción en la familia de origen o la incorporación a familia adoptiva sea exitosa. El éxito de ello, también depende de la capacidad de los adultos a cargo para comprender y contener las emociones que surgen en el niño en estos procesos.

A todas luces la situación de los niños separados de sus familias e internados constituye una problemática urgente y de extrema gravedad, que se puede conceptualizar como una doble vulneración de derechos, tanto para los niños, como para las familias.

No solo se trata de niños y niñas que han sido gravemente vulnerados en sus derechos, sino que además son víctimas de un segundo daño asociado a las consecuencias psicológicas derivadas de la separación con su familia de . A su vez la familia también sufre y ha sufrido del doble daño, por una parte, asociado a sus vivencias pasadas de vulneración y traumatismo, así como a las consecuencias que tiene la separación en la restitución de sus funciones parentales. En definitiva, lo que se vulnera, tanto en los niños como en las familias, es la posibilidad de confiar en otro, de conformar lazos basados en el respeto y el cuidado.

Desde ese punto de vista, toda propuesta de cambio o de mejora- miento de nuestra actual institucionalidad pasa, en primer lugar, por generar un reconocimiento explícito de todas aquellas formas de violencia que surgen desde el mismo sistema que tiene como tarea primordial la protección de los derechos de aquellos más vulnerables. El problema del maltrato infantil, así como el de la negligencia parental no se reduce a una problemática que es posible pensar de forma separada a su contexto social y político, y en ese sentido, no se limita a una causa que podamos encontrar en un individuo particular. Necesitamos pasar de una cultural del internamiento a una cultura del cuidado y la responsabilidad por el otro. Los sistemas de protección deben ser soportes que garanticen que un niño pueda recobrar la confianza en los adultos que en algún momento lo dañaron y desde ahí reconstruir una historia que permita tejer nuevos lazos y experiencias.

Es fundamental que los niños que han debido ser separados de los cuidados de sus padres dispongan de una experiencia reparatoria que no sólo se enfoque en trabajar la situación de vulneración que determinó esa separación, también se debe considerar un reconocimiento y abordaje sobre las consecuencias psíquicas que tiene para el niño la separación física, afectiva y social de sus figuras significativas.


(1) Rojas (2010) Historia de la Infancia en el Chile Republicano 1810-2010. Chile.
(2) ONU (2009) Directrices sobre las modalidades alternativas de cuidado de los niños.
(3) UNICEF (2013) La situación de los niños, niñas y adolescentes en las instituciones de protección y cuidado de América Latina y el Caribe.
(4) Cantwell, N.; Davidson, J.; Elsley, S.; Milligan, I.; Quinn, N. (2012). Moving forward: Implementing the ‘Guidelines for the Alternative Care of Children’. Glasgow: Centre for Excellence for Looked After Children in Scotland (CELCIS).
(5)OEA (2013) El derecho del niño y la niña a la familia: cuidado alternativo. Poniendo fin a la institucionalización en las Américas.
(6)Save The Children (2013) Reaching for home: Global learning on family reintegration in low and lower-middle income countries.
(7)RELAF (2014) Primera infancia en familia: guía de experiencias de referencia para la preservación de los vínculos tempranos.
(8)Marchant, M (2014) Vínculo y memoria: acompañamiento terapéutico con niños internados. Cuarto propio: Santiago, Chile.

 

 

“Los hijos de los pobres”: la crisis de SENAME y la tecnocracia neoliberal.

enero 3rd, 2017 by

Por Claudia Calquín Donoso, profesora colaboradora Facultad de Psicología UAH.

 

Una análisis de la actual crisis de SENAME es una oportunidad que nos debe conducir, siguiendo a Marx, a la raíz misma del problema, es decir a la misma política pública y al rol del Estado en mate- ria de la protección de derechos en un contexto neoliberal, asumiendo que la revolución neoliberal instalada por la dictadura supuso sendas transformaciones en el aparato Estatal entre las que cabe destacar su profunda reducción. Así el modelo de Estado heredado y profundizado por los gobiernos de la Concertación implementó políticas sociales bajo un giro respecto a la tradición desarrollista impulsada durante el siglo XX y a las mismas ideas de lo político en la política pública. Si la dictadura asaltó el precario Estado social construido por generaciones de luchas políticas de mujeres y hombres, los gobiernos de la concertación no sólo no apuntaron a su re-construcción, sino más bien a profundizar y regular las lógicas de subsidiaridad a los privados en ámbitos claves como la protección social, así como profundizar una gubernamentalidad de tipo tecnocrática que, si bien no es nueva en Chile, fue clave en el proyecto de modernización del Estado e internacionalización de la economía.

Desde esta perspectiva la crisis de SENAME emerge como una expresión más de la constante desafección de lo político por los esquemas de eficiencia y gestión empresarial tan en boga en la actualidad y situados dentro de una grilla de interpretación exclusivamente economicista que define a las niñas y niños como capital humano o inversión social. De este modo se sitúa la acción del Estado no como resultado de proyectos políticos en discusión el enfrentamiento agonal de acuerdo a Mouffe1 – condición misma de la democracia y de la construcción de lo común, sino de necesida-des económicas del país. Así, el ejercicio de derechos como base de la política de infancia se vuelve algo puramente aritmético: cantidad de metas, de casos atendidos, de subvención recibida, de egresos, de internaciones, etc. Se instalan modelos de intervención estandarizados, familiaristas, basados en estrategias que apuntan a gestionar estilos de vida individuales y que no dan cuenta de la diversidad, de las relaciones entre sujeto y sociedad o de las diversas formas en que las vidas precarizadas se construyen desde el Estado como problemas sociales o vulneraciones.

Por otro lado, la tecnocracia desagrega las problemáticas de la infancia en programas especializados que plantean serias dudas acerca de sus capacidades de articulación, y sobre todo obstaculiza espacios de comunicación y participación de las comunidades, los equipos de intervención y los/las propias niñas y niños. Así las definiciones de los problemas sociales o las vulneraciones como sus formas de trabajar con ellos son definidos desde la óptica de los tecnócratas.

Una de estas estrategias de gobierno de lo social derivadas de las prácticas tecnocráticas impulsadas por el Banco Mundial es la focalización, modalidad de intervención pública que tiende a asegurar que un programa/proyecto provea en exclusividad a una determinada población objetivo, de los satisfactores básicos requeridos. La focalización al centrar sus intervenciones en las poblaciones más pobres crea una serie de efectos de exclusión que cruzan el mismo sistema de protección de la infancia desplegando con ello lo que Álvarez2 llama una “focopolítica” que tendría como efectos la remercantilización de la protección social para los sectores con capacidad de pago -y que el Estado define como fuera de su radio de acción – y la tutela de las poblaciones pobres por medio de relaciones autogestionadas.

Si pensamos en el conocido apodo de SENAME el “quita niños” de los pobres, dicha expresión nos conduce tanto al fracaso de la institución en las comunidades y al hecho de que si bien de manera formal no hay ingresos por motivos de pobreza muchas veces detrás de conceptos como negligencia se esconde cierta penalización de la pobreza, cuestión que se advierte en que en los centros de residencia no existen niños ingresados por negligencia proveniente de familias de ingresos altos o que una cartografía de las localizaciones de la acción de SENAME especialmente de las Oficinas de Protección de Derechos (OPD) indica que el sistema de protección no contempla a las comunas más ricas del país, señales que indican que para el Estado la vulneración de derechos ocurriría solo en los sectores populares.

En ese sentido, estamos hablando que los programas de infancia aunque estén bajo el paradigma de unos derechos del niño y niña que por su condición de derechos humanos son universales se focalizan en las poblaciones pobres y vulneradas bajo un esquema de gestión, control, vigilancia y tutela.

Con esto se sigue reproduciendo la historia misma de la infancia pobre o lo que Cuningham3 llamó “los hijos de los pobres” invocación que servía “para incitar el miedo o la simpatía. El miedoresidía en que estos niños presentados como desordenados y sucios, fueran una amenaza para el futuro de la raza si no se hacía algo por ellos. La simpatía podía ser invocada si la condición de los niños de los pobres era percibida como una negación de lo que se pensaba que debía ser, propiamente, la niñez.” (p.34)

Los hijos de los pobres hoy día los llama- dos niños/as SENAME plantean entonces la urgencia de que esta crisis no sea ma- quillada por propuestas de mejoramiento que dejen incólume la arquitectura neoliberaltecnocrática que erige la política pública y social en nuestro país y que ha demostrado su fracaso.

Si bien hay intentos gubernamentales plausibles como la creación del Concejo de la Infancia poco sabemos de los proyectos de ley que se está generando desde esta instancia, diluyendo nuevamente la esfera política del conflicto y el disenso en discursos de experticia, secretismo y saber. La política pública debe ser el espacio deliberativo por excelencia, es la sociedad en su conjunto la que debe decidir no sólo que políticas queremos sino que por sobre todo qué tipo de Estado queremos, pues es claro que el estado neoliberal no es el mejor padre para los niños/as ni para la sociedad en su conjunto.


(1) Mouffe, C (1999) El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical. Buenos Aires: Paidos.
(2) Álvarez- Leguizamón, S. (2008). Focopolítica y gubernamentalidad neoliberal, las políticas sociales. Ponencia presentada en el II Encuentro Argentino y Latinoamericano de “Prácticas Sociales y Pensamiento Crítico”, Universidad Nacional de Córdoba.
(3) Cunningham, H (1991). The Children of the Poor: Representations of Childhood Since the Seventeenth Century (Family, Sexuality, and Social Relations in Past Times). London: Blackwell Pub.

 

 

Una apuesta por más calidad en el cuidado.

enero 3rd, 2017 by

Por Josefina Escobar, Investigadora del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva (CSCN) de la Escuela de Psicología UAI.

 

Existe un acuerdo general de que las instituciones no son el contexto óptimo para que un niño crezca, puesto que suelen presentar una serie de carencias en el cuidado, como la alta rotación de cuidadores, la falta de capacitación y especialización de los mismos, y un alta tasa de niños a cargo de un cuidador. Todo ello va a dificultar un trato personalizado, constante y predecible, lo que tendrá un impacto negativo en el desarrollo del niño. Los estudios han mostrado: déficit en funciones cognitivas1 , trastornos de apego2 y retrasos en el neurodesarrollo3.

Si bien se estima que en el mundo más de 8 millones de niños que viven en instituciones4, producto de situaciones que impiden que permanezcan en sus familias biológicas, como la pobreza extrema, la vulneración de los derechos, desastres naturales, guerras, etc., existe una tendencia internacional dirigida a políticas de desinstitucionalización a través de cuidados alternativos que permitan una modalidad de cuidado familiar, como las familias de acogida y la adopción. Ambas permitirían interacciones uno a uno, estimulación adecuada a las necesidades de cada niño, estabilidad de los cuidadores principales, mayor capacidad para el cuidador de responder de forma “sensible” a las necesidades del niño, construyendo contextos estables y predecibles que permitan un mejor desarrollo socio-emocional y cognitivo.

Respecto a la realidad chilena, en 2015 el área de Protección de Derechos de SENAME atendió a 116.652 niños, de los cuales 14.245 se encontraban en residencias de protección5. Si bien, en los últimos años los tipos de residencias han ido cambiando, de grandes orfanatos a residencias con una capacidad máxima de 30 niños, siguen existiendo instituciones que albergan a más de 100 niños6. Respecto a la desinstitucionalización, se han hecho grandes esfuerzos pero existen aún dificultades para concretarla.

En el caso del acogimiento familiar, 6.204 niños se encuentran en familias de acogida5 , aproximadamente el 74% de ellas corresponde a familia extensa del niño. Entre las dificultades que presenta este programa, se encuentran: la escasez de familias que quieran participar, el bajo apoyo económico y las dificultades respecto a la supervisión6 . En relación a adopción, el número de niños con causas de susceptibilidad de adopción iniciadas en el 2015 fue de 6005. Las dificultades aquí, están puestas principalmente en el tiempo de espera del niño para ser susceptible de adopción, ya que primero se trabaja para conseguir la reunificación con su familia biológica. En este punto surgen interrogantes como: ¿será necesario poner un límite de tiempo para trabajar con la familia biológica? ¿hasta qué grado de parentesco se sigue buscando a un adulto capaz de ser el tutor legal del niño? Preguntas que siguen siendo discutidas y que se vuelven relevantes porque a mayor edad del niño las posibilidades de encontrar una familia adoptiva van disminuyendo y la exposición a un entorno con carencias es mayor.

Frente a esta realidad y planteadas las dificultades, se podría decir que para alcanzar la meta de la desinstitucionalización se precisa de grandes esfuerzos y recursos, y que en el mejor de los casos ello tomará varios años. Por lo que se hace inevitable plantear la pregunta sobre qué hacer con los niños que hoy se encuentran en residencias y que probablemente seguirán en ellas durante un largo periodo de sus vidas. Es urgente pensar cómo mejoramos la calidad del cuidado que brindamos a estos niños. En esta línea, existen antecedentes internacionales que han buscado mejorar las residencias7 , mostrando mediante intervenciones en las mismas residencias resultados positivos en el desarrollo general de los niños8-11. ¿En qué consistieron estas intervenciones? Principalmente se centraron en entrenar a los cuidadores, estimulando la cercanía y respuesta sensible ante las necesidades del niño, además, se incluyeron cambios estructurales tendientes a disminuir la rotación y el número de cuidadores principales por niño, entre otros11.

Para concluir, nos encontramos en un momento de reflexión y debate respecto a las políticas de infancia, por ello como profesionales de la salud mental debemos continuar trabajando en apoyo a los cuidados alternativos para el bienestar general de los niños. Así como, debe existir una apuesta a mejorar las condiciones en la calidad del cuidado en las residencias. Y para esto aún queda mucho por hacer, como un primer paso parece necesario observar la diversidad de instituciones que existen en Chile, caracterizar a los niños y a las residencias. Y será a partir de ello que se pueda pensar en modelos de intervención que, guiados por experiencias positivas internacionales y nacionales, permitan mejorar la calidad en el cuidado residencial.


1. Cardona, J. F., Manes, F., Escobar, J., López, J. & Ibañez, A. (2012). Potential consequences of abandonment in preschool-age: Neuropsychological findings in institutionalized children. Behav. Neurol. 25, 291–301.
2. O’Connor, T. G. & Rutter, M. (2000) Attachment Disorder Behavior Following Early Severe Deprivation: Extension and Longitudinal Follow-up. J. Am. Acad. Child Adolesc. Psychiatry 39, 703–712.
3. Bick, J., & Nelson, C. A. (2016). Early experience and brain development. Wiley Interdisciplinary Reviews: Cognitive Science. doi: 0.1002/wcs.1387.
4. McCall, R. B., Groark, C. J. & Fish, L. (2010) A caregiver-child socioemotional and relationship rating scale. Infant Ment. Health J. 31, 201–219.
5. SENAME (2015). Anuario estadístico SENAME 2015.
6. Garcia Quiroga, M. & Hamilton-Giachritsis, C. (2014) ‘In the name of the children’: Public policies for children in out-of-home care in Chile. Historical review, present situation and future challenges. Child. Youth Serv. Rev. 44, 422–430.
7. Mccall, R. B. (2013) Review: The consequences of early institutionalization: Can institutions be improved? – should they? Child Adolesc. Ment. Health 18, 193–201.
8. Groark, C. J. & Mccall, R. B. (2011) Implementing changes in institutions to improve young children’s development. Infant Ment. Health J. 32, 509–525.
9. Groark, C. J., Muhamedrahimov, R. J., Palmov, O. I., Nikiforova, N. V. & McCall, R. B. (2005) Improvements in early care in Russian orphanages and their relationship to observed bhaviors. Infant Ment. Health J. 26, 95–109.
10. McCall, R. B. et al. A socioemotional intervention in a Latin American orphanage. Infant Ment. Health J. 31, 521–542 (2010).
11. Muhamedrahimov, R. J., Palmov, O. I., Nikiforova, N. V., Groark, C. J. & McCall, R. B. (2004) Institution-based early intervention program. Infant Ment. Health J. 25, 488–501.

¿Es posible profesionalizar la cooperación?

diciembre 19th, 2016 by

Por Fernando Contreras Muñoz,
académico Facultad de Psicología, UAH

 

sociedad chilena de principios del siglo XXI: hay convicciones abundantes respecto a la necesidad de cambios institucionales, pero están lastradas por una enorme suspicacia capaz de asaltar cualquier propuesta. Diagnósticos numerosos respecto del presente y sus antecedentes históricos, seguidos de cierta perplejidad a la hora de articular ideas para el futuro.

Es como si se tratara de una idea tan enorme que nadie logra llevarla a un enunciado que la traduzca y la especifique, condición para que tenga efectos prácticos. Desde luego, no contamos por el momento con un acuerdo respecto al diseño institucional que nos convendría perseguir. La sociedad chilena espera, tal vez, un liderazgo inspirado que resuelva este problema, aunque es cierto que las figuras carismáticas capaces de sacar la espada enterrada en una piedra no corresponden a la época que vivimos. Desde el Gobierno se propuso el diálogo entre ciudadanos como una vía para romper la inmovilidad y dar cauce a las fuerzas en pugna, respondiendo al mismo tiempo a quienes piden más participación y a quienes advierten los riesgos de sobrepasar las instituciones.

Este punto de partida de los encuentros y cabildos de este año, contradictorio y difícil como se puede apreciar, enmarca la tarea de las personas que cumplieron los roles de facilitar los cabildos, sistematizar sus resultados, y asesorar su desarrollo en materias jurídicas. No se les pidió difundir una idea ni proponer acciones: su tarea fue estimular la cooperación. ¿En qué consiste esa tarea? y, por tanto, ¿cómo escoger a personas competentes para llevarla a cabo?

En las distintas fases (local, provincial y regional) del proceso participativo pueden observarse particularidades significativas, pero en todas ellas la premisa fundamental es que conversar con otros ciudadanos sobre temas constitucionales es posible. Esto implica que, bajo unas ciertas reglas, cualquier grupo de personas sería capaz de acoger la expresión de ideas individuales, ponerlas en común, consolidar acuerdos y desacuerdos, aportando de este modo a un cuerpo de ideas originado colectiva y participativamente. Las tareas requeridas para que un cabildo tuviera eficacia son relativamente simples de describir: explicar al inicio el modo de trabajo a utilizar, abrir la discusión de los temas básicos de la sesión, administrar el tiempo y los turnos para hablar, tomar nota de los aportes y darles un orden lógico, despejar dudas y responder consultas respecto a los conceptos jurídicos y su uso, concluir el diálogo con un acta fiel a lo ocurrido.

Si bien el diseño de los Encuentros Locales Autoconvocados (ELA) contempló que cualquier persona que quisiera asumir los roles de conducción y registro podría hacerlo, los cabildos Provinciales y Regionales optaron por profesionalizar estos roles, escogiendo a facilitadores, sistematizadores y asesores legales mediante los procedimientos concursales del sistema de Alta Dirección Pública. Hay varios motivos detrás de esta decisión, siendo uno de los más importantes la necesidad de dar garantía de neutralidad política en el criterio de selección: si la legitimidad del proceso emana de su apego a la opinión de los ciudadanos participantes, debía evitarse activamente que cualquier grupo de interés capturase el proceso y lo instrumentalizara en su favor. No es muy diferente del principio de mérito que sustenta la selección de altos directivos públicos, aunque el aspecto técnico de los roles señalados no suele considerarse tan seriamente como las tareas directivas en el Estado.

Curiosamente, una de las críticas recibidas por el proceso de selección de los equipos profesionales de los cabildos llevado a cabo a comienzos de año fue que mayoritariamente se trataba de “profesionales de las ciencias sociales, como abogados, antropólogos y sociólogos.” Sería sencillo apuntar que ello se debe a que en los perfiles de cargo publicados se especificó la formación jurídica como requisito en uno de los cargos, mientras en otro se requería formación en las áreas social, humanidades y comunicaciones. En otras palabras, que esos perfiles profesionales eran justamente los que se buscaban, lo que daría cuenta de un reclutamiento eficaz. Pero eso sería esquivar el punto: lo que se señala es que en instancias participativas donde la opinión y posición política de los equipos de facilitadores podrían incidir fuertemente sobre los resultados del diálogo, las profesiones de las ciencias sociales comportarían un sesgo ideológico incompatible con un proceso legítimo.

Veamos entonces esta objeción con más detenimiento: ¿Se requiere una formación en ciencias sociales para facilitar diálogos de esta naturaleza? En principio, no. También hay personas capaces de desempeñar el rol de facilitador en profesiones de la salud, la ingeniería, el arte o la educación. Fortalecer la capacidad individual y grupal para sostener un diálogo razonable no es un contenido que se enseñe de manera privativa en las carreras de ciencias sociales; incluso se puede aceptar que la educación universitaria no tiene esa particularidad frente a otras experiencias formativas o laborales. Lo que cuenta realmente es la destreza para conducir el trabajo grupal sin reemplazar la iniciativa de los participantes.
Entonces, ¿cuáles son las destrezas buscadas? Una muy principal es entender el trabajo conjunto de un grupo como un proceso que puede ser administrado. De esa comprensión se sigue la capacidad
de acompañar sin dirigir mecánicamente ni desentenderse de la conducción. Las profesiones de las ciencias sociales pueden resultar preferibles ante otras formaciones dado el conjunto de procedimientos elaborados para intervenir e investigar problemas humanos usando metodologías y una ética profesional que asignan una importancia crucial a la participación. Si en un futuro esto fuese compartido más ampliamente entre las profesiones, esta preferencia sería injustificada.

Finalmente, es justo preguntarse si debe profesionalizarse la participación y la cooperación ciudadana. La objeción indicaría que para producir la colaboración en grupos, independiente del tema, no hay nada más eficaz que la espontaneidad de la acción colectiva. Pero si así fuera, lo regular ante problemas que requieren sumar ideas e iniciativas -la elaboración de una constitución política es un gran ejemplo de esto- sería encontrar numerosas y diversas experiencias de elaboración colectiva de soluciones usando métodos colaborativos.
El carácter inédito de este trabajo nos dice, por el contrario, que ante la pluralidad de puntos de vista lo normal es recurrir a soluciones expertas, verticales o incluso autoritarias.

Resulta estimulante, por lo mismo, constatar que la cooperación podría aumentar cuando la ciudadanía accede a profesionales calificados en el uso de formas de trabajo que se tomen en serio la
acción colectiva. La formación de este tipo de competencias y el desarrollo de metodologías pertinentes es una responsabilidad que estas profesiones deben asumir.

Ver http://ellibero.cl/actualidad/ex-funcionarios-publicos-y-profesionales-de-las-ciencias-sociales-figuran-en-la-lista-de-facilitadores-decabildos/

Historizar el quehacer de la Psicología durante la dictadura chilena: desafío pendiente.

abril 25th, 2016 by

Evelyn Hevia Jordán Académica Facultad de Psicología, UAH.

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Así como entendemos que la práctica de la psicología no sólo concierne al individuo y su malestar puestos en una burbuja apartados de la sociedad, es que entendemos que el quehacer de la disciplina está atravesado por las circunstancias históricas. Por ello, el Golpe y la dictadura continúa escribiendo sus efectos en el presente y nos desafían a situar a la psicología como objeto de investigación histórica y preguntarnos, desde ese contexto: ¿cómo es que nuestra disciplina ha llegado a ser lo que es? Esta pregunta ha orientado el quehacer de algunos psicólogos en los últimos años, pero sin duda es una pregunta amplia y compleja.

Es difícil explicar el presente de nuestro país sin aludir al Golpe de Estado de 1973 y los consecuentes 17 años de dictadura cívico militar, pues es aquí donde observamos un terreno fértil para trabajar sobre la historia de la Psicología en Chile ¿Cómo este hito impacta a la Psicología? ¿Cómo se hace psicología durante 17 años de dictadura? ¿Cómo la represión y el miedo impuestos por el terror de Estado golpean a la disciplina? En los últimos años, parte de la experiencia de muchos profesionales clínicos ha sido el acompañamiento psicoterapéutico a quienes sobrevivieron a situaciones traumáticas impuestas por el régimen: la desaparición o ejecución de un ser querido, la prisión política y la tortura, persecuciones y amenazas, el exilio, en definitiva, la pérdida de un ser querido, un trabajo, un proyecto político, un proyecto de sociedad.

Esta experiencia y trabajo clínico ha sido reflexionada y escrita por psicólogas y psicólogos que durante estos años tuvieron que enfrentarse a una práctica terapéutica en un contexto donde los análisis, categorías y estrategias clínicas clásicas no eran suficientes. Había una exigencia de poder actualizar ese conocimiento a la luz del contexto represivo de la época. Gran parte de esa experiencia ha sido transmitida a nuevas generaciones de profesionales en programas de estudio especializados.

Un estudio publicado por la Universidad Cardenal Raúl Silva Henríquez (UCSH) en el año 2005 1 mostró que aquella generación de psicólogos formada “antes del golpe” habría resentido más fuertemente su impacto: “Antes, el ámbito de lo social aparecía como foco de intervención central” 2, la represión de la dictadura se desplegó en los sectores populares y eso impactó el quehacer social de la psicología.

Pero, como sabemos, la escritura del pasado no es una práctica neutral, menos aún si se trata de un pasado como el golpe y dictadura, cuyo principal efecto fue la división y polarización de la sociedad chilena. La Psicología, como práctica científica social, no queda afuera de esa tensión y disputa por la interpretación del pasado, de su pasado.

A continuación, dos fragmentos de entrevistas a Psicólogos de la primera generación que ilustran estas diferentes perspectivas sobre los efectos del golpe para la psicología y que un cuidadoso análisis nos invitaría a la formulación de nuevas y relevantes preguntas de investigación:

“Yo partí en una escuela de psicología donde viví todo el periodo de reforma, profundamente influenciados por profesiones que venían invitados y con un fuerte énfasis -a mí siempre me ha gustado- en la cosa de lo comunitario, y especialmente lo educacional… hasta que viene el golpe…. Bueno, no había escuela, no había profesores que guiaran tesis ni que tomaran examen ni nada, pero finalmente se resolvió eso, y yo di mi examen de grado el día mismo en que salí al exilio a Suecia. Y tuve que cambiar rápidamente de área, y olvidarme durante algún tiempo de lo educacional y abocarme a la clínica, fuertemente” 3
“¿Cómo cambió la investigación psicológica con el golpe? ‘y qué tiene que ver’. Ves. Un montón de gente se fue por razones personales, te fijas, pero no son los programas de investigación de CONICYT que cambiaron tanto. Yo estaba en CONICYT en la época en la Comisión de Ciencias Sociales y Psicología nunca creó problema ideológico” 4

A partir de estas dos citas propongo algunas ideas fuerza para motivar el desafío de hacernos cargo de investigar sobre la historia de la psicología durante este periodo:

– Hay una historia oficial/institucional de la disciplina que podemos pesquisar y reconstruir a partir del trabajo de revisión y análisis de fuentes documentales. Este trabajo exige de un intercambio de saberes metodológicos entre dos disciplinas que convergen en su interés por el pasado: la historia y la psicología. La psicología requiere aprender de estas técnicas de investigación histórica, donde los documentos nos permiten una aproximación a las evidencias que ese pasado ha dejado por escrito. Sin embargo, no hay que perder de vista que la historia la escriben quienes triunfan y la dictadura sabía de aquello, por lo que mucha de la documentación fue destruida o continúa escondida, como también archivos que siguen siendo secretos.

– Afortunadamente, las nuevas corrientes historiográficas incorporan y validan a la oralidad como fuente de investigación y la psicología tiene una historia viviente y sobreviviente a esos tiempos, que hay que recuperar antes que desaparezca con sus actores. Contamos con unas ricas fuentes en las memorias de quienes formaron y se formaron en esos años; las memorias de quienes investigaron y trabajaron desde la psicología en sus distintos ámbitos. Para esto, el testimonio de quienes han sido protagonistas y testigos de estas transformaciones producidas por el golpe y la dictadura es una voz que debemos registrar, analizar y transmitir para desentrañar los sentidos sobre el quehacer de la disciplina en ese pasado.

– Este periodo nos invita a revisar y explicar el quehacer de la disciplina en el ámbito de la investigación/producción de conocimiento (los temas, objetos, referencias teórico-conceptuales, metodologías); en el campo de la enseñanza-aprendizaje de la psicología (escuelas, orientaciones, currículums, cursos, especializaciones, etc.) y en la práctica profesional en las distintas esferas: laboral/organizacional, educacional, clínica y sus distintos enfoques, social y comunitaria. También resulta necesario profundizar en la actuación de psicólogos al servicio de la instalación y funcionamiento de los aparatos represivos del Estado y de aquellos que trabajaron acompañando a quienes eran represaliados o victimados por la represión de la época.

Tenemos mucho por hacer. Historizar a la psicología nos permite entender y explicar cuáles han sido las condiciones políticas y socio-históricas que han hecho posible los procesos y derivas en la institucionalización de la disciplina en Chile. Construir nuestra historia involucra asumir la dimensión política del pasado y presente de la Psicología, entender que el trabajo historiográfico es ante todo una interpretación del pasado en el presente.

 

1 Departamento de Psicología Universidad Cardenal Raúl Silva Henríquez (2005) Rol, identidad y evolución de las prácticas profesionales de los psicólogos en Chile. N°24. Santiago: Ediciones UCSH.

2 Ídem, p. 36.

3 Ídem, p. 36.

4 Ídem, p. 37.

Hitos, reflexiones y posibilidades actuales de la historia de la psicología en Chile.

abril 25th, 2016 by

Dr. Gonzalo Salas Contreras Académico, Universidad Católica del Maule.

El tejido que da lugar a las construcciones históricas en el marco de la historia de la ciencia, va heredando diversas tradiciones, cuyos efectos más relevantes trascienden las épocas a las cuales tributaron. La arquitectura histórica que fue parte de la construcción del presente en un tiempo determinado, va dejando huellas y algunas se elevan a la categoría de hito, creando un diálogo entre presente y futuro, emergiendo diversas comprensiones que se debaten entre el pasado heredado y el presente cuestionado y cuestionador de una época interesada en sus raíces.

¿Y si situados en el presente interrogáramos al pasado? Este último aparece construido cada vez que se lo convoca respondiendo que no hay un único pasado, sino que hay tantos como disparadores interrogantes desde el presente haya 1. Este pasado da lugar a una historia viva, que asombra y deslumbra al reconocer nuevas miradas de fenómenos que se creían ya cesados.

Es importante advertir que muchas tradiciones sufren una incomprensión feroz, ya que el hito crea posibilidades de reflexión aunque también desmantela visiones más profundas y lúcidas respecto a lo ocurrido, confundiendo y a lo menos litigando la lógica de los hechos. En la psicología científica Wilhelm Wundt y lo ‘wundtiano’, son mucho más que el perturbador hito por el cual se conmemora la fundación de nuestra ciencia, asociado al laboratorio de psicología experimental en Leipzig. Sobre Wundt, poco se sabe, poco se escribe y, sin embargo, es uno de los autores más citados, repitiéndose hasta el cansancio el epígrafe de su obra. Por cierto, este texto no es el lugar para develar y analizar dicho hito, lo cual se trabajará en publicaciones futuras. Sin embargo, se debe reparar sobre la figura de Wundt y su rol en la psicología, mismísimo autor que escribió sendos tomos sobre Ética, Fundamentos de Metafísica, Introducción a la Filosofía, Psicología de los Pueblos, Psicología Fisiológica e incluso un recóndito trabajo sobre Hipnotismo y Sugestión, en cuyo prólogo evidenció su preocupación por ser un hombre eminentemente de ciencia y estar abordando esta cuestionada temática. Si bien, Wundt traza que el hipnotismo no tiene la pretensión de constituir el verdadero fondo de la psicología (tal como no la forman el sueño, la manía o el idiotismo provocado por la parálisis) 2, arguye que sí debe ser parte de los laboratorios de las sociedades de psicología, logrando un dominio enriquecedor de conocimientos inesperados.

En Chile, la investigación en historia de la psicología ha logrado avanzar ágilmente su naturalizado proceso de depuración, ya que el inicial sesgo positivista, generó olas de datos, plagados de construcciones que no ostentaban el afán de realizar un análisis social crítico, sino describir y representar algunos momentos relevantes de nuestra historia. Abrieron la puerta los primeros recuentos de Luis Bravo Valdivieso y Manuel Poblete, que con sus importantes artículos entregaron luces y un impulso inicial a los estudios históricos de nuestra disciplina que fueron publicados en la Revista Latinoamericana de Psicología (1969), Revista Chilena de Psicología (1980) y Revista Historia de la Psicología (1995). Sin duda, estos trabajos fueron fuente de inspiración y curiosidad, para seguir relevando información que permitiera en una etapa posterior, incluir análisis más profundos como los realizados por María Inés Winkler, con una clara perspectiva de género o el trabajo de Mariano Ruperthuz, que presenta una amplia articulación del psicoanálisis en Chile desde un prisma culturalista.

revista24-3Explorando algunos hitos chilenos, se hace apremiante observarlos en contexto, por ejemplo la creación en 1889 del Instituto Pedagógico y el primer programa de pedagogía creado por Georg Schneider, sumado al posterior laboratorio de psicología experimental en la Universidad de Chile fueron pilares importantes en la construcción de la novel psicología científica. Sin embargo, escasamente se ha analizado el embrujamiento alemán 3, presentado por Eduardo de la Barra, para exhibir el disenso del discurso hegemónico. De la Barra sostiene que ‘los profesores alemanes no eran buenos’, caracterizando a quienes llegaron a nuestro país a enseñar ciencias como ‘maestros de pacotilla’ y que escasamente habrían aportado a la cultura y ciencia chilena, aunque sí reconoce el aporte de Schneider como uno de los menos objetables en materias científicas, referente diferente a la camada de foráneos.

De la mano con el aporte alemán, existió el aporte francés para lo cual Luis Tirapegui edificó el inicio de las mediciones de la inteligencia en el país. El trazo de Binet, fue tinta y pluma para que los niños chilenos fueran evaluados con sus categorías desde 1925. Este expediente alzó a la psicología francesa a gran escala y fue un dogma incuestionable en esta época. A partir de este hito surgen diversas preguntas ¿cómo fue que Tirapegui hizo recepción de la obra de Binet? ¿Con que fines el Ministerio de Instrucción Pública validó y patrocinó las mediciones de inteligencia? ¿Cómo las categorías extraídas de las mediciones cambiaron la concepción de la infancia en esa época?, e incluso ¿cómo reaccionó la sociedad chilena frente a esta imposición científica?

Por otra parte, la creación de la carrera de psicología en la Universidad de Chile en el año 1947, que junto al programa de la Universidad Nacional de Colombia son las dos primeras escuelas en el Cono Sur, permiten demarcar líneas de trabajo que observen el desarrollo de la psicología chilena desde aquel momento. El próximo año se conmemoran 70 años desde la creación del Curso Especial de Psicología en la Universidad de Chile y se hace imperativo ir vislumbrando desde el intermezzo para encontrar posibilidades que permitan analizar la historia con un enfoque social más amplio. ¿Cómo ha crecido la psicología chilena desde este hito fundacional? ¿Cómo han variado los planes de formación de psicólogos y en qué momentos se produjeron las principales modificaciones? ¿Mantiene la psicología chilena el liderazgo de mediados del siglo XX en el Cono Sur?, entre muchas otras preguntas que la historia de la psicología puede develar, demarcando espacios y llenando sus propios vacíos para consolidar este campo.

A partir de dichas preguntas, es posible cuestionar que la historia de la psicología en Chile debe enmendar, ya que si bien, el paso por estudios con énfasis positivistas fue necesario, se debe avanzar hacia trabajos con ribetes cada vez más críticos. Hoy es el momento de la historia psi, la Sociedad Chilena de Historia de la Psicología se creó recientemente el año 2014 con una finalidad principalmente científica y de divulgación de conocimientos en la materia. El campo se ha transformado en un terreno fértil que adquiere nuevos rumbos y se enriquece de sus alianzas, como por ejemplo, la colaboración con investigadores de la Red Iberoamericana de Pesquisadores en Historia de la Psicología (RIPeHP) y de otros lugares más alejados del orbe. Asimismo, exige investigación, en este sentido hoy existen dos proyectos Fondecyt de Iniciación. También, se requiere difundir y generar espacios de encuentro, por lo mismo, este año se realizará la V Jornada Chilena de Historia de la Psicología y, se continúa trabajando en la publicación de artículos científicos y libros.

Las condiciones de posibilidad están creadas. Sin embargo, la historia de la psicología tiene hoy un imperativo desde el ethos: los hechos de la psicología no deben pasar desapercibidos, pero no sólo mostrar los hechos, sino aspirar a que la transmisión de la historia revele las problemáticas de su objeto con voces cada vez más significativas. El público que hace de juez, verá como valora el presente y futuro de la historia de la psicología.

 

1 Rossi, L (1993). Historia y psicología. En: L. Rossi y L. García de Onrubia (Eds.) Para una historia de la psicología (pp. 6-14). Buenos Aires: Lugar Editorial.

2 Wundt, W. (1900). Hipnotismo y sugestión. Estudio crítico. Barcelona: Antonio Roch Editor.

3 De la Barra, E. (1899). El embrujamiento alemán. Santiago: Establecimiento Poligráfico Roma.

Sobre la contribución de la historia de la psicología a la formación disciplinar.

abril 25th, 2016 by

Renato Moretti Académico Facultad de Psicología, UAH.

“[La historia de la psicología] es la psicología, toda ella, y la psicología no puede ser estudiada seriamente aparte de su historia” (Julian Jaynes).

I ¿Es necesario estudiar historia de la psicología durante la carrera de psicología? Se podría decir que para desempeñarse en una profesión no hace falta conocer su historia. Que, para ser psicólogo o psicóloga, lo que hace falta es contar con los conocimientos y las destrezas necesarias para ejercer con “eficacia” la profesión. Pero, ¿se puede considerar esto suficiente? Algunos autores han argumentado sobre la relevancia de la historia de la psicología en los planes de estudio. Por ejemplo, Tortosa y Vera 1 señalan que ella cumple tres tipos de funciones formativas en la disciplina: (a) pedagógica, ayudando al estudiante a articular su diversidad interna, (b) heurística, alimentando sus reflexiones contemporáneas, y (c) legitimadora, justificando responsablemente el valor de la psicología. Por su parte, Fierro 2 , destaca que la historia de la psicología contribuye como fuente de insumos intelectuales para la psicología actual, como prevención de juicios históricos errados, como estimulante del pensamiento científico práctico y como potenciadora del pensamiento crítico y el desapego doctrinario. Es quizás este último aspecto el más sugerente respecto al valor formativo de la historia de la psicología. Las funciones pedagógicas o heurísticas de la historia pueden contribuir al aprendizaje y ejercicio de la disciplina, pero no necesariamente contribuyen al desarrollo del pensamiento crítico, atributo que puede considerarse distintivo de la propia formación universitaria.

II A partir de la década de 1970 se desarrolló toda una “nueva historia” 3, que cuestiona a la “historia tradicional” de la psicología. Según la nueva historia, la versión tradicional ha contribuido a la autolegitimación de la psicología, fundamentalmente retratándola como una ciencia de antiguo linaje y problemáticas estables. Contra esa forma de legitimación, la nueva historia se presentó como crítica: medio para cuestionar la historia heredada y reconsiderar la psicología como actividad de actores de carne y hueso en circunstancias concretas y particulares. Aunque algunos autores estiman esta contraposición como exagerada 4, se puede rescatar que el estudio de la historia de la psicología, críticamente concebida, puede contribuir a una mentalidad cuestionadora de las grandes ideas, tradiciones y figuras intelectuales de la disciplina. Una historia crítica de la psicología, ¿no pondrá en riesgo las adhesiones de los estudiantes respecto a la disciplina? En esto vale la pena una legitimación en el sentido señalado por Tortosa y Vera (i): la historia no debiera conducir a la decepción, sino a la reconsideración del presente y de la responsabilidad que cabe a psicólogos y psicólogas sobre su propia actividad. Así, las consecuencias de la crítica no se orientan tanto hacia la erosión sistemática de la psicología, como hacia una evaluación realista de su valor y del lugar que ocupa cada uno de los psicólogos y psicólogas en ella.

III Por último, quisiera destacar tres temáticas que emergen al considerar la psicología históricamente, y que pueden considerarse relevantes en la propia formación disciplinar: (1) El papel del exterior en la historia de la psicología. Casi todo el desarrollo de la psicología científica se ha caracterizados por problemáticas que se originan fuera de sus contornos 5, ya sea en polémicas filosóficas de antigua data, ya sea en problemáticas sociales y políticas que demandan soluciones tecno-científicas. La comprensión de las trayectorias históricas de las diversas “psicologías”, tiene que ver no sólo con la historia de los debates en el desarrollo de la ciencia, sino también con las diferentes articulaciones históricas de la psicología con otros contextos, intelectuales y sociopolíticos. (2) Diversidad y neutralidad en psicología. Toda la psicología que alguien enuncie o practique es una “psicología desde cierto punto de vista” (v). La historia de la psicología contribuye a evitar que consideremos (a) como neutral lo que es una historia que siempre tendrá una perspectiva, y (b) como verdadero y eterno a aquello que es sólo una forma posible de comprender y hacer psicología. (3) Carácter productivo de la psicología. Hay una tendencia de las personas y del mundo social en general a adecuarse a las ciencias y así a confirmar sus afirmaciones. Las ciencias sociales ayudan a producir el mundo que describen 6. La psicología también parece compartir este rasgo. Así, ha ayudado a traer a la existencia a todo tipo de entidades psicológicas que pueblan el mundo social, tales como personalidades y complejos, inconscientes y refuerzos, memorias e inteligencias. Este último punto, por cierto, nos debiera llevar a pensar que la responsabilidad histórica de psicólogos y psicólogas no sólo pasa por el ejercicio de un saber sobre el mundo, sino por su contribución a la producción histórica de ese mundo.

1 Tortosa, F. y Vera, J. A. (1998). Historia e Historiografía de la Psicología. En F. Tortosa, Un Historia de la Psicología Moderna. Madrid: McGraw-Hill.

2 Fierro, C. (2015). El rol de la enseñanza de la historia de la psicología en la formación del psicólogo: relevamiento y análisis de algunos argumentos sobre su valor curricular. Perspectivas en Psicología, 12(1), 18-28.

3 Furumoto, L. (1989). The New History of Psychology. The G. Stanley Lectures, 9, 9-34

4 Lovett, B. (2006). The New History of Psychology: A review and a critique. History of Psychology, 9(1), 17-37.

5 Legrenzi, P. (1986), Historia de la Psicología. Barcelona: Herder. Especialmente su Introducción

6 Callon, M. (2008). Los mercados y la performatividad de las ciencias económicas. Apuntes de investigación del CECYP, 14, 9–68.

Historia de la Psicología, o de la necesidad de hacer trabajar a las fuentes.

abril 25th, 2016 by

EDITORIAL

Por Francisco Reiter Barros, Académico Facultad de Psicología, UAH.

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Es sabido que el surgimiento de la psicología en tanto disciplina científica moderna suele asociarse por los expertos al importante hito que significó el establecimiento en 1879 del primer laboratorio de psicología experimental en Leipzig, Alemania, a cargo de Wilhelm Wundt; quien por obra de ese acto fundacional ha recibido corrientemente el nombre de “Padre de la psicología”. Sin embargo, lo mismo podría decirse, con justa razón, de ese otro acto constituyente que implicó para la psicología moderna la puesta en ejercicio, alrededor de 1875, del laboratorio de psicología fisiológica de William James, en Harvard, Estados Unidos. Junto a ello, el establecimiento definitivo del carácter científico de la disciplina psicológica se producía en el contexto de la así llamada Methodenstreit (o “disputa de los métodos”), verdadera querella entre dos modos de entender y aplicar la ciencia, que marcó la segunda mitad del siglo XIX: por una parte, las ciencias de la naturaleza autoproclamaban su lugar privilegiado en el entendimiento científico; por la otra, las ciencias del espíritu reclamaban la necesidad de una aproximación científica diversa a objetos que se recortaban de la propia vida humana y social.

Así las cosas, La Ciencia Psicológica como disciplina autónoma puede ser en realidad catalogada como “bastarda” y fragmentada. Bastarda porque es producto de numerosos esfuerzos, realizados en el marco de otras múltiples disciplinas de las cuales se diferenció, desde diversas zonas geográficas e ideológicas (aunque llama la atención la multiplicación de las paternidades que contrasta con la indiferencia respecto de las figuras femeninas que participaron en ese origen, característica de los estudios clásicos sobre historia de la psicología); lo que, dicho sea de paso, pone en reserva su estatuto autónomo. Fragmentada porque, a propósito de esa nutrición interdisciplinaria de la entonces nueva ciencia, no es claro que exista una unificación ontológica, epistemológica y metodológica entre las diversas corrientes que le dan cuerpo. Convendría quizá que hablemos más bien de unas ciencias psicológicas.

De este modo, la posibilidad de pensar las condiciones de producción y reproducción de nuestra disciplina requiere, como lo hemos ilustrado, de un esfuerzo investigativo y de aprendizaje de aquello que en el pasado le ha dado forma; pero, todavía más, supone el establecimiento con una mirada histórica de las tensiones entre las distintas versiones de esos hechos y sus implicancias disciplinares. Mirada que, si es provechosa, debería indicarnos no tan sólo los movimientos de continuidad entre unos hechos y otros, sino también aquellos otros de ruptura o dialectización entre ideas, prácticas y sujetos. Diremos pues, en consecuencia con todo lo anterior, que existen múltiples historias de la psicología.

Con motivo de la celebración de las V Jornada Chilena de Historia de la Psicología, a efectuarse en el mes de noviembre de este año en nuestra universidad, de la mano de la Sociedad Chilena de Historia de la Psicología, es que dedicamos este número de Psicología Hoy a la psicología de ayer, proponiendo algunas reflexiones, en los artículos que siguen sobre la relevancia de incorporar una enseñanza de esa historia en los currículos de quienes se inician en la disciplina; las relaciones posibles entre la historia y la psicología, con el estudio histórico formal de esta última y, por último, respecto de la compleja significación histórica que los discursos y prácticas psicológicas representan en el pasado reciente de nuestro país.

¿Existe la depresión postparto en hombres?

diciembre 28th, 2015 by

Por Francisca S. Pérez Cortés, Académica Área de Psicología Clínica, UAH.

El 20 de noviembre fue el lanzamiento público del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP, www.midap.org), centro científico interdisciplinario cuya finalidad es generar conocimiento basado en una comprensión multidimensional de la depresión en interacción con la personalidad. El Programa de Intervención en Vínculos Tempranos (PiVT) de la Facultad de Psicología firmó un acuerdo con este centro con el fin de desarrollar una colaboración científica que aporte en investigación, incorporación de tecnologías y formación profesional.

La depresión es un problema de salud pública de gran prevalencia y relevancia en nuestro país y en el mundo, siendo una de las patologías más frecuentes en la población y con mayor impacto en calidad de vida. Actualmente constituye la enfermedad mental de mayor prevalencia en el mundo, afectando alrededor de un 15% de la población general, proyectándose que el año 2020, la depresión alcanzaría el segundo lugar del ranking AVAD (años de vida ajustados por discapacidad, lo que significa la suma de años de vida potencial perdidos). Chile se ubica por sobre el nivel mundial de diagnóstico de depresión, con un índice de un 17,2% según la Encuesta Nacional de Salud 2009-2010 (8,5% en hombre, 25,7% mujeres). Estudios nacionales e internacionales indican que la enfermedad depresiva tiende a concentrarse en el período de vida fértil de la mujer y afecta, en especial, a las mujeres de menor nivel socio-económico (1).

Los primeros meses después del nacimiento de un hijo(a) entre un 10 y un 30% de las madres sufren de depresión postparto (2). En Chile entre un 20,5 y un 50,7% de las madres sufre de síntomas inespecíficos de depresión y/o ansiedad durante el puerperio, pero cuando se realizan evaluaciones más rigurosas (3), se observa que alrededor del 10% de las mujeres desarrolla una depresión postparto.

La depresión postparto (DPP) se caracteriza por cambios en los hábitos de sueño y alimentación, tristeza, irritabilidad, ansiedad, dificultades para enfrentar las situaciones, pensamientos negativos, miedo a estar sola, confusión o pérdida de memoria, pérdida de concentración, sentimientos de culpa, pérdida de autoconfianza y pensamientos de autoagresión o de agresión hacia el bebé. Diversas investigaciones han mostrado que ésta tiene efectos negativos a nivel personal, familiar y en el desarrollo de los niños(as) (4 y 5).

También en los padres se pueden manifestar trastornos depresivos durante el postparto, pero este fenómeno ha recibido poca atención de parte de los investigadores y clínicos. La literatura emergente en depresión paterna sugiere que al igual que las madres, los padres están en mayor riesgo de presentar sintomatología depresiva durante el período gestacional y el postparto (6), existiendo estudios que han encontrado una relación positiva entre la depresión postparto paterna y materna (7). Un meta-análisis publicado en el Journal de la Asociación Médica Americana (JAMA) estima una prevalencia de un 10.4% en la población general, cifra que aumenta durante el segundo trimestre postparto.

Se sabe que la depresión postparto en padres impacta el desarrollo emocional y conductual en bebés y niños(as), afecta la dinámica familiar, la satisfacción marital y la economía de países industrializados. Sin embargo, a pesar de estos antecedentes, el conocimiento de la depresión paterna aún es incipiente y más estudios son necesarios. En Chile no tenemos estudios al respecto, por lo que resulta tremendamente importante avanzar al respecto, sobre todo si aspiramos a generar las condiciones para una igualdad de derechos entre hombres y mujeres y una corresponsabilidad en la crianza. De esta forma el PiVT se constituye en una plataforma desde la cual se pretende aumentar el conocimiento científico en este y otros temas relacionados con infancia temprana, considerando la importancia de contar con datos locales que permitan pensar, diseñar e implementar intervenciones “hechas a medida” que alivien las dificultades en la relación entre los niños(as) y sus cuidadores, fomentando un desarrollo integral.

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(1) Graciela Rojas y colaboradores, 2013. Estudio: Análisis de la situación de uso de servicios y acceso a tratamiento de la depresión postparto en Centros APS de la Región Metropolitana. Universidad de Chile.
(2) Milgrom,J.,Martin,P.R.,Negri,L.M.,1999.Treating postnatal depression. A psychological approach for health care practitioners. Wiley, Chichester.
(3) Entrevistas clínicas y criterios diagnósticos operacionales.
(4) Gotlib IH, Whiffen V, Mount J, Milne K, Cordy N. Prevalence rates and demographic characteristics associated with depression in pregnancy and postpartum. J Consult Clin Psychol. 1989;57(2):269- 274.
(5) Beardslee WR, Versage EM, Gladstone TR. Children of affectively ill parents: a review of the past 10 years. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 1998; 37(11):1134-1141.
(6) Goodman JH. Paternal postpartum depression, its relationship to maternal postpartum depression, and implications for family health. J Adv Nurs. 2004; 45(1):26-35.
(7) Paulson JF, Keefe HA, Leiferman JA. Early parental depression and child language development. J Child Psychol Psychiatry. 2009;50(3):254-262.

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