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Jaime Barrientos: “Este país tiene un gran problema con la gestión de la diferencia”

Con una amplia experiencia en temas de diversidad sexual y de género, Jaime Barrientos, Doctor en Psicología Social de la Universitat de Barcelona, llegó a ejercer el cargo de Director de Postgrado e Investigación de la Facultad de Psicología de la UAH con elevadas expectativas. Consciente del desafío que se le presenta al mundo académico en sus áreas de conocimiento, y trayendo su experiencia en la Universidad Católica del Norte, enfrenta este nuevo rol profesional haciéndose cargo de la necesidad de hacer más investigación, y desde esa vereda, fomentar la creación de políticas públicas que mejoren la calidad de vida y aseguren los derechos de ciertas minorías y grupos discriminados.

 

¿Con qué expectativas llegas a sumir este nuevo proyecto como Director de Postgrado e Investigación de la Facultad de Psicología?

Llego con la mejor motivación y optimismo, porque además de que he trabajado en universidades semejantes, parte de mis intereses se relacionan con los objetivos de desarrollo académico y el proyecto institucional de la Universidad. En ese sentido, era evidente que me iba a incorporar a un lugar en el que iba a poder desarrollar mi trabajo con calidad, autonomía y libertad.

¿Dónde te gustaría poner el foco de tu trabajo?

Llevo muchos años trabajando en prejuicio y discriminación de diversos tipos de grupos que han sido víctimas de discriminación, como migrantes, mujeres, y más recientemente, la diversidad sexual. Entonces para mí es muy importante instalar la necesidad de que requerimos avanzar en una agenda legislativa en el país y también en investigación y de discusión respecto de lo que significan los derechos de las diversidades sexuales. Es relevante la investigación ya que permite seguir reflexionando sobre estos asuntos y potencialmente tiene un alcance público, ya sea en la creación de políticas, o en la relación con las organizaciones sociales que trabajan en estos temas.

Ateniéndonos a la contingencia nacional, ¿cómo ves el proyecto de ley que habla de la identidad de género?

Sin duda alguna nuestro país ha avanzado lentamente en materia de derechos asociados a valores y normas. En ese sentido, temas como el divorcio, el aborto, la discriminación, unión civil o en resguardar los derechos de las parejas que conviven, sean del mismo sexo o no, ha sido una larga batalla en términos de discusión legislativa. Yo diría que en el final de este camino se encuentra la discusión sobre una ley que resguarde de forma no patologizante lo que supone la identidad de género. Las personas transexuales que están por hacer una transformación social y/o médica requieren de un conjunto de derechos que los resguarden en todo ese camino en materia legal y que evite la discriminación a la que a veces se ven sometidas de manera muy intensa. Entonces me parece que la ley viene a hacerse parte de un vacío importante en el país, para un grupo que ha sido fuertemente estigmatizado y que quizás numéricamente no sean muchos, pero cuyos efectos de la discriminación les generan consecuencias muy nefastas desde el punto de vista de la vulnerabilidad social, económica, de salud, o incluso, en términos mucho más graves, de los crímenes de odio contra ellos.

¿Estimas que este proyecto de ley es un paso importante en esa dirección?

Yo diría que el sólo hecho de que ya estemos discutiendo es un paso. Sin embargo, claro que hay leyes que pueden ser mejores o peores. Los temas que las organizaciones trans han colocado con respecto a lo que significa hacerse cargo de los niños y niñas trans menores de 18 años por parte del estado es un tema complejo, y más aún si se refiere a un tema de identidad. En ese sentido yo diría que la actual discusión de la ley es importante, ya que hay que avanzar desde dos lugares. Primero desde el lado de los efectos negativos a los que estos grupos han estado sometidos, como mucho estigma y prejuicios de discriminación en momentos de mucha vulnerabilidad y bullying en los colegios, o incluso crímenes  de odio, pero también, desde el punto de vista de los derechos.

¿Cuál es el aporte que puede hacer la academia en este sentido?

Desde la academia podemos hacer más investigación, la que de momento no se ha ejecutado de manera estable ni permanente. No ha habido una agenda de investigación que se haya hecho cargo de estos temas, que me parece es importante. Entonces el desafío para nosotros como académicos es aportar con conocimiento que ayude en la comprensión del fenómeno.

¿Cuál crees que es el área en que el país está más flojo?

En varias cosas. En primer lugar el país debe mejorar la ley antidiscriminación. Eso fue un avance, y se aprobó en una contingencia, que fue el crimen de odio de Daniel Zamudio, pero es una ley imperfecta que debe mejorar los mecanismos de seguimiento por parte del estado de la discriminación no solamente a quienes tengan una orientación sexual y o identidad de género diversa, sino también en temas de migración  y racismo.

Yo creo que este país ha avanzado, la sociedad en general ha crecido en términos de sus actitudes, valores y normas, es mucho más flexible que a veces lo que las políticas públicas o legislaciones son respecto de cierto tipo de temas, como este. Tengo la impresión de que la sociedad en general hoy en día es mucho más abierta a incorporar a un conjunto de grupos diversos, como los gays, lesbianas y personas trans, que a veces la legislación y la política. Yo creo que ahí se produce una tensión importante. Este país tiene un gran problema con la gestión de la diferencia. En ese sentido, la academia y nosotros como investigadores tenemos que contribuir con investigación que permita problematizar el lugar del otro diferente, y esta universidad tiene esa fibra. Hoy podemos ver que una de las principales preocupaciones de los estudiantes de pre y post grado son temas sociales, entonces caemos dentro de esa gran preocupación.

Considerando lo anterior, Barrientos reflexiona sobre el escenario a nivel nacional en esta materia y señala que “en Chile estamos en un  período particular, histórico”, detallando que “hace unos dos años el país entró atrasado a las transformaciones sociales en materia de derechos sexuales, reproductivos y de resguardo de los derechos de las diversidades sexuales. Pero a la vez, se produce un tema que no es menor, que es transnacional, que es lo que se ha denominado la ideología de género. Esto es un movimiento que no está sujeto a fronteras geográficas, y que ha instalado una crítica importante a lo que la perspectiva de género ha logrado en muchos países y a los avances de los grupos denominados como minoritarios, como el feminismo y de diversidad sexual. La ideología de género, liderada por grupos muy conservadores, ha tensionado mucho lo que se ha logrado con estos derechos y ha venido a colocar el tema de que la familia tradicionalmente entendida ha ido perdiendo lugar en este entramado.

En esa línea, el recientemente asumido director acota que “habíamos observado un conjunto de avances importante, donde Argentina y Uruguay lideraban en materia de derechos. Sin embargo, se ha producido un retroceso importante. No sabemos hasta dónde, porque aún estamos evaluando el impacto del movimiento de ideología de género. En el caso brasileño observamos que el retroceso ha sido impactante, por lo que no nos debe extrañar que se produzca en otros países, como Chile”, concluye.