noticias

Depresión y Comunidad


Por Andrea Jaramillo T., académica Facultad de Psicología UAH. Jefa Área Psicología Social Comunitaria.

Como país nos hemos visto progresivamente inmersos en un estilo de vida marcado por el individualismo, que ha afectado nuestra vida cotidiana en casi todas sus dimensiones relevantes, modificando la manera en que enfrentamos el trabajo, la familia, las amistades e incluso nuestro tiempo libre. Estudios han mostrado cómo en la vida de los y las chilenos la socialización se ha ido reduciendo (ver por ejemplo 1), centrando los desafíos y aspiraciones en proyectos personales, con cada vez más exigencias internas y externas orientadas al “éxito”. Este éxito, contradictoriamente, busca el reconocimiento social, apareciendo los otros en la experiencia personal como aquellos ante los cuales deseo demostrar mi valor y mis logros. En esta lógica cobran sentido planteamientos como los de Beck (2), en relación a la vivencia de los otros como amenazas. Yo me las tengo que arreglar por mí mismo/a, pero necesito la valoración del otro, y ese otro no está orientado a mi éxito, sino que a sus propios logros personales.

Indudablemente el análisis es bastante más complejo, y académicamente podemos usar diversas fuentes de las Ciencias Sociales, pero mi intención en este artículo es apelar a la experiencia cotidiana. Cuándo “me alegro” por el éxito de una persona que conozco, ¿qué es lo que realmente siento? Es posible que luego de alegrarme piense en las exigencias que ese éxito pone en mi propia vida y esa inicial alegría vaya dando paso a una sensación de malestar. Progresivamente vamos dejando de preguntar por los otros, no nos “fijamos” en lo que hace el del lado, nuestros proyectos son los importantes, ya sean personales, familiares o profesionales. Me repito que yo soy lo importante, mi bienestar, lo que yo quiero hacer. No debo enfocarme en los demás, pero constantemente están a mi alrededor, en el trabajo, en la familia extensa y, en los últimos años, a través de la tecnología. Vemos en Facebook o Instagram que otra persona publica sus logros, le damos un like, vale decir, “nos alegramos”, pero seguidamente nos surgen pensamientos de malestar y/o de descalificación de los otros y de sus éxitos que amenazan los míos. ¿Me angustio, me enojo, me pongo triste, registro un leve malestar, me deprimo?

Pero en relación a lo anterior hay que hacer algunas diferenciaciones. Hay gente por la que “realmente” me alegro; sus éxitos me enorgullecen, me producen una intensa alegría, se lo merece. Que esa persona se sienta bien me hace sentir bien. ¡Cómo no sentirme bien si tenemos una historia compartida, si he visto su esfuerzo, si en otros momentos yo he sido la persona de los logros y me ha acompañado y se ha enorgullecido por mí! ¿Qué es lo distinto? Posiblemente hay muchos elementos relevantes de analizar, pero uno de ellos es que esta persona está en mi red de apoyo. Tenemos una vida cotidiana en la que se entrelazan sus experiencias con las mías, sus afectos con los míos, sus éxitos con los míos, y sus fracasos también con los míos.

Llegamos así a cómo los cambios sociales (quizás sea correcto decir también culturales y económicos) han limitado la vida comunitaria, en tanto se han ido reduciendo los espacios tradicionales de vínculos con otros, en los que se ponía en juego no solo un intercambio de recursos y apoyos, sino que donde también se construía nuestra identidad. Desde la Psicología Social-Comunitaria se afirma que la vida comunitaria está claramente relacionada con la salud. Los procesos de individualización han afectado a las comunidades y esto ha tenido efectos en la salud mental, siendo la depresión un ejemplo de ello (3). Evidencias empíricas y desarrollos conceptuales permiten afirmar que las transformaciones sociales han reducido el tejido social, destruyendo aspectos claves de las comunidades que se sabe tienen un efecto protector y/o amortiguador frente al malestar y la amenaza a la salud mental.

El bienestar de los integrantes de una comunidad se ve incrementado en presencia de una red social suficientemente amplia y densa, en la que circule apoyo social entre los miembros. Las oportunidades de establecer lazos de manera frecuente y duradera; el apoyo mutuo; el sentimiento de que cada uno es una persona importante para los demás, permiten tener la experiencia de integración social, con vivencias de conexión emocional y seguridad, y representaciones cognitivas y afectivas de una identificación común. Tenemos un sentimiento de pertenencia que contrarresta un mundo social fragmentado, aislado y atomizado (4).

Es importante tener en consideración que la depresión puede ser gatillada por características del contexto social de una persona, pero al ser una relación bidireccional, también puede ser prevenida desde esta dimensión. En este sentido, desde el punto de vista de la intervención, el foco debiese estar puesto en fortalecer los componentes relacionales y comunitarios en espacios como el trabajo, el barrio, la escuela, de manera de fortalecer el sentido de pertenencia como un elemento protector de la salud mental. Como señala Claudia Bang al hablar de promoción de salud mental comunitaria (5):

“Acciones de Promoción de Salud Mental Comunitaria serían aquellas que propician la transformación de los lazos comunitarios hacia vínculos solidarios y la participación comunitaria hacia la construcción de la propia comunidad como sujeto activo de transformación de sus realidades, generando condiciones comunitarias propicias para la toma de decisiones autónoma y conjunta sobre el propio proceso de salud-enfermedad-cuidados”. (p. 243)


Referencias:

1. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2012). Desarrollo humano en Chile. Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo. Santiago de Chile: PNUD Chile
2. Beck, U. (1998). La Sociedad del Riesgo. Hacia una nueva modernidad. Barcelona: Paidós.
3. Krause, M., Güell, P., Jaramillo, A., Zilveti, M., Jiménez, J. P. & Luyten, P. (2015). Changing communities and increases in the prevalence of depression: is there a relationship? Universitas Psychologica, 14, 1259-1268. http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.UPSY14-4.ccip (ISI)
4. Bessant, K. (2011). Authenticity, Community, and Modernity. Journal for the Theory of Social Behavior, 41, 2-32.
5. Bang, C. (2010). La estrategia de promoción de salud mental comunitaria: Una aproximación conceptual desde el paradigma de la complejidad. Facultad de Psicología UBA (Ed.), Memorias II Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología (Tomo 3) (pp. 242-245). Buenos Aires: Facultad de Psicología UBA.