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En memoria de Antonio Sotomayor

Para nadie es fácil la muerte. Menos la de un joven de 32 años. Más duele cuando es producto de un cáncer. Esa noticia, ese vacío que nos golpeó a todos hace un mes, hoy se transforma en paz. Y con esa tranquilidad, la que da el tiempo, tres personas que conocieron a Antonio Sotomayor, convierten el dolor en recuerdo y amor.

Cintia Puga fue su compañera de generación en la carrera de Psicología. Recuerda a Antonio como un hombre alegre, con humor, “un niño en un cuerpo de gigante al que le encantaba disfrutar la vida, viajar, ser libre. Le gustaba mucho la filosofía y se volaba pensando distintas cosas que casi nunca entendí”, asegura con cariño.

Marisol del Pozo, académica y supervisora de práctica de Antonio, concuerda con los dos puntos.

“Los marcos de  las distintas disciplinas lo constreñían. No sólo estudió Psicología en la UAH, también Antropología, Estética y Cine. Cuando se tituló de psicología, me dijo ‘al fin lo logré, estoy contento, al final no es tan complicado esto de hacerse adulto y parece que hasta me está gustando’. Para mí una frase que refleja la búsqueda permanente de Antonio”, piensa Marisol.

Esa búsqueda de Antonio lo hizo aferrarse a distintas personas, entre ellas Norma Bastías, secretaria de la Carrera de Psicología UAH, quien asegura que cuando fue aceptado para entrar a estudiar, sin conocerse tanto, le dio un fuerte abrazo y le agradeció “por todo”. “Era conversador, alegre, estaba lleno de proyectos, ideales, amigos, le gustaba vivir la vida, de hecho él entregaba esa alegría”, recuerda Norma.

Así era Antonio, así se le recuerda. A un mes de su partida, así sigue siendo y estando Antonio Sotomayor, que dejó tanto en tantos.

Tus profesores, tus amigos y tus compañeros te recordaremos por tus búsquedas, tus chistes, tu pasión por la música, tu gran interés por el psicoanálisis (…) Te recordaremos y de esa manera continuarás presente, Marisol del Pozo