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Mujeres mayores y otras violencias: entre el amor y los cuidados


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Por Marisol del Pozo S., académica Facultad de Psicología, UAH.

Actualmente cuando encontramos las palabras ‘mujeres’, ‘género’ y ‘violencia’ reunidas en algún título, el principal imaginario que suele aparecer es la violencia física de hombres hacia sus parejas mujeres jóvenes. Sin embargo, sabemos que la violencia de género es un fenómeno que atraviesa la trayectoria social, inscribiéndose en la biografía de hombres y mujeres y en su relación, abarcando todo el arcoíris de posibilidades y dimensiones.

En el caso de las mujeres viejas (1) las dimensiones de la violencia de género más ocultas son: la precarización de la protección, en el plano social, y, la mistificación de las labores de cuidado de otros, en el plano personal.
Las mujeres tienen una expectativa de vida mayor que los hombres, generalmente sobreviven a sus parejas, y ese tiempo de sobrevida de viudez lo sostienen en condiciones de mayor precariedad económica y social que la que tenían con anterioridad a la muerte de la pareja (2). Habitualmente las mujeres que han tenido trabajo remunerado cuentan con mayores lagunas previsionales que sus compañeros hombres, debido fundamentalmente al tiempo que han dedicado al cuidado de otros, tales como hijos, hermanos, padres, hijos de otros, etc. Por otra parte, aquellas que han trabajado en estas mismas labores sin una remuneración a cambio, a tiempo completo, no tienen previsión.

En el plano personal, la mistificación de la función de ‘cuidados’ atribuida a las mujeres en general, marca las expectativas relacionales de quienes las rodean. Al interior de la familia, su versión extrema se expresa en el síndrome de la ‘abuela esclava’, que refiere a mujeres mayores que asumen como naturales grandes responsabilidades de cuidado de los nietos, conjuntamente con otras labores, llegando a producirles una sobrecarga de trabajo físico y emocional, que se expresa muchas veces en cuadros clínicos más complejos, tales como depresión o trastornos ansiosos.

El reverso de este fenómeno, es la abnegación con que estas abuelas asumen la señalada labor de cuidado maternal, vivenciándola como gratificante, como una forma de reconocimiento social y una oportunidad de darle continuidad identitaria a su biografía. O bien, en los casos extremos, como única posibilidad de intercambio afectivo, a modo de retribuir el afecto y cuidado de quienes les confían la crianza total o parcial de aquellos pequeños. Este mandato de ‘súper abuela/súper cuidadora’ contiene ocasionalmente, también, el temor de perder el reconocimiento, afecto y aprecio de la descendencia.
Cuando adquiere esta forma, podemos reconocer la violencia emocional contendida en esa relación. La mujer que experimenta de esta manera la abuelidad dista mucho de disfrutar, participar y contribuir libremente en el cuidado de los nietos.

En Chile, un estudio relativamente reciente de caracterización sociodemográfica y económica de la población mayor (3) señala que las relaciones de dependencia intergeneracional tienden a desdibujarse en los sectores de más altos ingresos, donde la mayoría de los adultos mayores optan por vivir solos, valorando su autonomía, y manteniéndose vinculados con su familia. En estos casos, las familias prefieren contratar cuidados. Por el contrario, en sectores desfavorecidos socioeconómicamente predomina un modelo de familia tradicional extendida, donde el cuidado de quienes lo necesitan se transa al interior de la red familiar. De esta forma, la relación que establece la “mujer mayor” con la familia, más que por opción, depende de las estrategias de subsistencia posible en los distintos estratos sociales.

Los datos que proporciona dicho estudio permiten sostener que en la población mayor en Chile, los viejos y viejas, pudiendo elegir, prefieren vivir solos e intercambiar apoyos con su familia de manera recíproca, pudiendo restarse de una relación emocional si esta no les satisface, situación que no es posible cuando el temor a la pérdida de la o las figuras de quienes dependen emocional y, a veces económicamente, cruza la relación.
La situación de las mujeres mayores en Chile, nos invita a problematizar sobre formas de violencia en lo público y lo privado, que aparecen vestidas de cuidados, protección y cariño.


Referencias

(1) El vocablo viejo/vieja, en el caso de los seres humanos, y desde la perspectiva de la Teoría del Ciclo Vital. Baltes, Linderberger y Staudinger (1998), denomina al periodo del ciclo vital que transcurre posterior a los 60/65 años hasta la muerte. La connotación negativa asociada al vocablo se refiere más bien al “viejismo” o conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que se aplican a los viejos en función de su edad.(Butler, R., 1969)
(2) Estamos haciendo referencia al amplio grupo social que en Chile no tiene asegurado el soporte durante la vejez, ni desde las instituciones de protección social, ni desde la tradición familiar.
(3) Pontificia Universidad Católica de Chile [PUC] & Servicio Nacional del Adulto Mayor [SENAMA] (2010). Segunda encuesta nacional: Calidad de vida en la vejez. Chile y sus mayores. Santiago, Chile.

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