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El proceso constituyente desde adentro: la experiencia de un ELA en la Universidad Alberto Hurtado.


Por Álvaro Soto Roy, académico Facultad de Psicología, UAH.

Invierno 2016. Mucho frío y mucho trabajo. La Universidad en toma, discursos cruzados, en registros cada más desconectados. Una invitación del Gobierno de Chile a la ciudadanía a realizar
Encuentros Locales Autoconvocados (ELAs), como primera parte de un proceso constituyente cuya continuidad aún no ha sido definida, que tampoco surge de un acuerdo social en torno a las etapas, métodos y actores que llevarán a construir una nueva constitución. Siendo sanamente escépticos, la invitación caía bajo la ineludible sospecha de ejercicio distractivo, o al menos voluntarioso, que una vez más quemaría energías y voluntades bien intencionadas.

Pero bastaron unos cuantos testimonios públicos y otras tantas conversaciones cotidianas para provocar en mi ciudadano interno una sensación ambivalente, de distancia y a la vez interés. Aunque no pase nada después, o aunque lo que pase sea lo mismo de siempre, sentí que valía la pena dejar constancia colectivamente de lo que nos parece que deben ser las bases de nuestra convivencia. Como garantía, la claridad de la metodología y el compromiso de hacer públicos los resultados del proceso. Escuché en muchos la misma ambigüedad, no confiando, pero al mismo tiempo sin querer quedarse fuera de un proceso (quizás) histórico.

Y en eso estaba, cuando surgió la posibilidad de realizar un ELA con académico/as de la UAH, que terminó por convencerme y activarme frente al proceso. Fue un llamado abierto al que acudieron trece colegas de diferentes facultades, que si bien no nos conocíamos demasiado, compartíamos el oficio y el lugar de trabajo. La identidad laboral como eje de construcción de ciudadanía, qué mejor.

“Así las cosas, esa fría tarde nos juntamos personas con diferente formación de origen, todos algo suspicaces del proceso y todos algo expertos en algún tema vinculado a la experiencia que realizábamos. Ninguno con ganas de ser muy directivo, ninguno con ganas de ser muy dirigido. Todos interesados en compartir, pero sin mucha claridad sobre qué y cómo discutiríamos. Supe
de otros casos en que se reunieron por familias, barrios, amigos, compañeros de curso. En todos estaba el desafío de hablar, tomar posiciones, discutir.”

En ese contexto, tengo la impresión que el diseño metodológico de la actividad fue acertado, ya que ofreció un marco común de trabajo (la identificación de valores, derechos, deberes e instituciones) que al mismo tiempo permitió que emergieran los procesos de coordinación, discusión y decisión propios del grupo, algo que resultó particularmente estimulante. En un mundo donde casi permanentemente nos vemos sometidos al flujo de sistemas y procedimientos, responder a un estímulo abierto del tipo: “prioricen de esta lista -y de todo lo que se les ocurra- lo que más les importa”, nos obligó a desplegar un esfuerzo argumentativo y político muy intenso, poco común y tremendamente enriquecedor. Fue interesante encontrar consensos sobre prioridades y posiciones comunes, y aún más interesante fue identificar disensos y posiciones divergentes, justificarlas y aceptarlas como legítimas. En varios momentos, la discusión llevó a redefinir o ajustar los propios puntos de vista y derivó en la construcción de una idea común, que iba mucho más allá de la simple sumatoria o descripción de posiciones. A la primera pregunta le dimos casi tres horas y eso nos obligó, bien a nuestro pesar, a “optimizar” el proceso en las siguientes.

Si bien lo más interesante de la discusión quedó consignado en el acta como justificación de cada concepto seleccionado, aprovecho estas líneas para consignar lo que en esta experiencia de ELA
identificamos como más importante. Entre los valores que sustenten la futura constitución, y en orden de prioridad, identificamos: la democracia, la igualdad, la protección de la naturaleza, la comunidad, la autodeterminación de los pueblos, la participación vinculante y la laicidad. Como derechos identificamos: el acceso a la salud, a la educación, a la vivienda digna, al salario equitativo, a la no discriminación, a la participación y a la seguridad social. Como deberes prioritarios definimos: la conservación de la naturaleza, conservación del patrimonio, respeto de los otros, obligaciones fiscales, respeto de derechos humanos fundamentales, ejercicio no abusivo de derechos y algo que llamamos ética de la responsabilidad, vinculada con hacerse responsable de las acciones y compromisos individuales y colectivos. Dentro de las Instituciones del Estado (la categoría más confusa) priorizamos el régimen de gobierno (acuerdo parcial sobre régimen parlamentario), la forma del Estado (acuerdo parcial sobre autonomías regionales), plebiscitos, referendos y consultas (incluyendo plebiscitos revocatorios de autoridades), asamblea constituyente, justicia constitucional (modificar la actual figura del Tribunal Constitucional), y la redefinición de las fuentes y formas de financiamiento de las Fuerzas Armadas.

Pese a lo interesante de la experiencia de participación en el ELA, las aprehensiones frente al impacto del proceso se mantienen. No sé si surgirá de esto una nueva Constitución. Mis expectativas están, más que en el documento síntesis del proceso -las Bases Ciudadanas- en el compendio de todas las Actas de Encuentros y Cabildos. Será una muy interesante base de datos para realizar futuros estudios y análisis. Y aunque sea para eso, ya valió la pena.