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Elizabeth Lira: “La paz será el resultado de que todos los colombianos se involucren”

E. LiraLa Decana de la Facultad de Psicología UAH, asesora del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia y académica de vasta trayectoria en temáticas de reconciliación política, procesos de reparación y derechos humanos, analiza el reciente plebiscito sobre los Acuerdos de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC.

¿Cuáles son sus impresiones tras el referéndum en Colombia?

Haber sometido a plebiscito una decisión como ésa fue un hecho muy importante: permitió mostrar cuán fragmentado está el país. Más de un 60% de la gente no votó. Quizás, eso habla del escepticismo de mucha gente ante la posibilidad del fin de una guerra que ha durado tanto. Elegir entre el Sí y el No habla de la importancia que tiene incluir a la gente, que piensa distinto de lo que ha propuesto el gobierno; precisamente, la paz será el resultado de que todos los colombianos se involucren en el proceso. Quienes están en desacuerdo han dicho que no rechazan el proceso de paz, sino la jurisdicción especial para la paz, que ha fijado grados de impunidad para los ex combatientes. La Ley de Justicia y Paz de 2005, en Colombia, se creó en función de la desmovilización de los paramilitares, aunque conllevó también una forma de jurisdicción especial para, precisamente, obtener información sobre el paradero y el destino final de personas desaparecidas y conocer lo que ocurrió con otras que resultaron muertas. Se propuso que quienes habían cometido los delitos, si los reconocían o daban información sobre las personas desaparecidas o ejecutadas, se consideraría a la hora de las sentencias reduciendo las condenas. Colombia es un país en el que un sector cercano al 20% está crispado ante un acuerdo que reconozca derechos a las FARC y establezca grados de impunidad, considerando que para muchos se trata únicamente de delincuentes.

Por eso hay tantas diferencias de juicio sobre el proceso de paz. La perspectiva del gobierno implica asumir una responsabilidad histórica tramitando los acuerdos posibles para poner fin a la guerra. Para quienes tienen familiares muertos y se han visto obligados a desplazarse es una gran esperanza que pone fin a esa violencia. El plebiscito refleja con mucha nitidez que estamos frente a un proceso que será extraordinariamente difícil. Lo es porque a una parte importante de la gente pareciera no importarle y hay sólo un 20% que está dispuesta a jugarse el todo por el todo por la paz. Eso exige una tarea compleja para el Presidente de la República, al que le quedan dos años de gobierno. Entonces, ¿cómo pacificar los espíritus?

Juan Manuel Santos acaba de ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz

Es un gran signo de la comunidad internacional, porque éste es el esfuerzo más logrado de paz en muchos años en Colombia. En verdad, la guerrilla y su proyecto político tienen pocas posibilidades de concretarse actualmente. Pero ésta es una guerra que podría prolongarse por décadas fuera de las grandes ciudades y en condiciones muy miserables para todos los que se involucran, amenazando la vida de muchos.

¿Es factible la reconciliación en Colombia?

Lo que nos hace pensar en la reconciliación es la fuerza de los vínculos previos, de las cosas que se tienen en común. La metáfora de que en una sociedad todos son hermanos no es cierta. Hay muchas diferencias que son ideológicas, pero también políticas. Hay diferencias enormes causadas por la pobreza y las condiciones de la vida de la gente en el campo y en la ciudad. En esas diferencias, ¿qué es lo que comparten los colombianos? ¿En función de qué comunidad humana se puede convocar a la unidad nacional? No estoy segura que podamos hablar de reconciliación. Es una palabra excesiva para la política. Aunque, si por reconciliación política entendemos la convivencia democrática, aplicaría. Pero la mayoría de la gente carga esa palabra con significados religiosos y psicológicos que son muy exigentes, y con frecuencia se apela al perdón como si mágicamente superara los agravios y las fracturas (…) Para recibir el perdón se requiere reconocer, arrepentirse, reparar y para otorgarlo se debe elaborar las pérdidas y admitir el valor del encuentro genuino dentro de la comunidad humana. Esos procesos toman mucho tiempo.

Es muy difícil que para los enormes delitos que se han cometido se piense en una amnistía sin condiciones o en un indulto general. La jurisdicción especial de paz distingue responsabilidades y grados de participación. Cuando uno hace acuerdos de paz entiende que los que han sido parte en esa violencia están dispuestos a dejarla a un lado, y realizan acuerdos de reparación y reconocimiento que permitan moralmente cerrar esas heridas. Aquello, como en Chile y en otros países, genera grandes diferencias entre las personas. Hay quienes, teniendo muchas víctimas en su familia, pueden aceptar que los otros no sean sancionados y que la condena sea simbólica. Pero hay otras personas que exigen que la justicia sea prácticamente una venganza (…) No puede ocurrir que no haya ninguna sanción, pero tampoco hay condiciones para decir: “Todos deberán pagar con cárcel”. Hay que aprender a convivir con un acuerdo que no surge naturalmente del corazón de las personas. Éste es un acuerdo ponderado, que considera el costo emocional para muchas personas, pero que asegura que el objetivo principal es construir una paz duradera.

La labor del Centro Nacional de Memoria Histórica

Desde 2009 que Elizabeth Lira trabaja en el Grupo de Memoria Histórica de Colombia. Ese colectivo se convirtió por la Ley de Víctimas de 2011 en el Centro Nacional de Memoria Histórica: “Se formó un comité asesor internacional del cual formo parte. Somos cinco: tres europeos y dos latinoamericanos. Nos hemos reunido regularmente para acompañarlos en este proceso”.

Y agrega: “El Centro recupera las historias de las víctimas a través de ejercicios de memoria, centrados en recoger lo ocurrido en masacres que afectaron a las comunidades. El trabajo incluye escuchar la experiencia de la comunidad y de los sobrevivientes, reconstituir la memoria y escribir una historia, que permita a las víctimas un rol muy significativo en la recuperación de esos acontecimientos, como parte de la memoria de las personas y familias que son partícipes de la memoria de la sociedad”.

El Centro Nacional de Memoria Histórica ha publicado numerosos libros e investigaciones. Se realizan estudios en terreno, se recupera documentación y la percepción de la comunidad. En el caso de Colombia, la historia del conflicto está escrita en “¡Basta ya!”, que es el informe más importante.

Lira concluye: “El Acuerdo de Paz firmado en La Habana incluye la creación de una Comisión de Verdad. Tiene una función simbólica, aunque no tendrá como misión identificar a las víctimas ni tampoco recuperar directamente la verdad de lo ocurrido. En esos ámbitos se ha trabajado para dar cuenta de las distintas circunstancias de violencia durante una guerra, que no sólo ha dejado muchos muertos, sino que también muchos sobrevivientes con muchas tragedias. Lo que más me preocupa es el impacto emocional de haber vivido las consecuencias de la guerra. Muchas personas, para no sufrir tanto, se disocian y se desconectan. Ése es, quizás, el verdadero impacto de las guerras. Hay gente que no quiere saber nada, ni a favor ni en contra. Ésa es la posición de alguien que está herido y que quiere seguir viviendo. Tal vez eso explique el 60% que no se pronunció en el plebiscito”.