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Las críticas contemporáneas a los procesos de selección de personal


Por Hernán Camilo Pulido, Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia

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A partir de un proyecto de investigación que busca servir de base para la regulación de las prácticas de selección de personal en Colombia, un grupo de psicólogos pertenecientes a diferentes facultades del país se ha dado a la tarea de documentar prácticas de selección. Por ejemplo, se ha podido establecer que frecuentemente se juzgan las hojas de vida, solamente, por las universidades de donde provengan los candidatos, o que se le dé un peso muy fuerte dentro del proceso de selección al “ojo clínico”, que algunos de los psicólogos seleccionadores manifiesta tener. Ahora bien, se presentan dos prácticas que nos preocupan especialmente: el uso generalizado del polígrafo y la visita domiciliaria, donde psicólogos entrenados van a los hogares y hacen una serie de entrevistas y toman fotografías dentro de los hogares (el closet, el refrigerador), para desde estos datos hacer inferencias acerca de las actuaciones del trabajador en la organización.

La búsqueda de elementos conceptuales para entender este tipo de prácticas permitió que clasificáramos la literatura crítica acerca de los procesos de selección en cuatro ejes. En el primero se cuestiona el lugar del paradigma psicométrico en la práctica de la selección y cuestiona las posibilidades reales de hacer predicciones a partir de la selección basada en instrumentos de corte exclusivamente psicológico. La apuesta generalizada por parte de los psicólogos que trabajan en recursos humanos por el paradigma psicométrico les ha ganado el apelativo de psicofarsantes, puesto que aun conociendo que existen otras formas de hacer selección, los psicólogos siguen defiendo este paradigma como garantía de sus servicios.

El segundo eje asume los principios de la crítica marxista para plantear que los procesos de selección básicamente sirven para contribuir a mantener el statu quo. Estudios históricos señalan cómo los psicólogos en la década de los años 30 del siglo XX diseñaron baterías para detectar posibles sindicalistas, y su evolución hasta mediados de los años 90s a la búsqueda de posibles sujetos problemáticos. En términos generales, a través de la aplicación de las herramientas psicológicas se mantiene una mirada individualizada del mundo de los negocios, vinculando exclusivamente los logros personales del trabajador a la eficiencia. Desde ahí, fácilmente se puede culpar al trabajador -y por tanto a las áreas de recursos humanos- por el fracaso organizacional, sin cuestionar la organización del trabajo que asume en el modo de producción capitalista.

También los años 90 se fortalece otro tipo de crítica, principalmente en Inglaterra, utilizando las herramientas provistas en la obra de Michel Foucault. Si en los procesos de selección se hacen patentes los prejuicios sociales y no se logra predecir con certeza el desempeño futuro de un trabajador, se afirma que hay que buscar una explicación distinta al lugar y a las operaciones que realizan, que permita explicar por qué se siguen y seguirán aplicando. El análisis de la eficacia de los procesos de selección se desplaza. Ya no está vinculada con su capacidad de predicción, sino con los efectos de construcción de subjetividad. Así la práctica de la selección de personal se convierte en otra de las técnicas que sirven para la construcción de sujetos con una psicología individual, permitiendo conformar una población de trabajadores que está acorde con las demandas de la producción capitalista.

El último eje está constituido por el análisis de los psicólogos sociales críticos latinoamericanos acerca de los procesos de expansión de los procesos de selección desde las sociedades del Atlántico Norte, lugar donde se diseñan los objetos psicológicos, hasta las demás sociedades del planeta en donde estos objetos son hibridados, apropiados y consumidos. Los instrumentos psicológicos se diseñan para las condiciones objetivas de trabajo que imperan en el norte, sin embargo, se importan a través de variados canales –se destaca el rol de las multinacionales- a las sociedades del sur produciendo como efecto que los problemas locales del trabajo se subordinen a las herramientas importadas. Se limita seriamente el surgimiento de formas alternativas de pensar los propios problemas del trabajo, ante las técnicas que prometen hacer funcionar y mejorar de manera universal el mundo laboral. Se plantea como desafío que los psicólogos que nos ocupamos del mundo del trabajo debemos ir más allá de nuestro papel de adaptadores o replicadores de las estrategias psicológicas, para pensar problemas característicos de la organización del trabajo en nuestras regiones y aportar soluciones novedosas, acordes con las características que imperan en nuestros muy variados ámbitos laborales.