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Adicciones ¿Dependencia o Consumo Problemático?


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Por Mauricio Arteaga Manieu. Doctor en Psicología. Decano Facultad de Psicología Universidad Alberto Hurtado.

Desde la creación de los manuales estandarizados para clasificar los trastornos mentales (1952) se han usado categorías para describir las llamadas “adicciones”, trastornos asociados al uso de sustancias en el DSM-IV-TR, que son definidas genéricamente como una dependencia física y/o psíquica a una sustancia de cualquier tipo (legal, ilegal, farmacológica, tóxica, etc.). Estas descripciones se basan en la conducta del consumidor, quien manifiesta diferentes signos cognitivos, comportamentales y psicológicos asociados al consumo de la sustancia. Para el diagnóstico de este trastorno, es fundamental observar al menos tres de los siguientes criterios relacionados con el consumo durante un período de 12 meses:

1. Tolerancia, es decir, necesidad de dosis mayores de la sustancia para obtener los mismos efectos.
2. Deprivación, a saber, cambios conductuales desadaptativos con consecuencias psicológicas y cognitivas importantes producto de la falta de la sustancia en el organismo.
3. Consumo de grandes cantidades de la sustancia o por períodos prolongados de tiempo.
4. Deseo persistente de no consumir y/o controlar el consumo
5. Gran gasto de tiempo y energía en actividades relacionadas en conseguir la sustancia.
6. Disminución importante de la actividad social, laboral y recreacional debido al uso de la sustancia.
7. El uso de la sustancia se mantiene a pesar de que el consumidor conoce y padece sus efectos adversos.

Se distingue en general el uso abusivo de sustancias de la dependencia a sustancias, considerando al primer diagnóstico como menos severo. Si bien los manuales de mayor uso diagnóstico de los trastornos mentales intentan solo describir comportamientos, evitando pronunciarse sobre el origen de los mismos, es evidente que en el caso de las adicciones existe una consideración generalizada dentro de las disciplina médica, psiquiátrica y psicológica, acerca de que es un trastorno individual, crónico, cuya base reside en defectos de carácter y/o en cierta fragilidad biológica de base genética, y en lo que comúnmente se ha denominado “personalidad adictiva”.

El tratamiento típico para una persona que presente este tipo de trastorno consiste en una primera fase de desintoxicación total de la sustancia bajo régimen de hospitalización (o semi-cerrado), con abstinencia absoluta, y la instalación de tratamiento combinado de farmacoterapia, psicoterapia e intervenciones familiares por un tiempo más o menos prolongado. Se considera que se ha logrado superar la dependencia después de un año de abstinencia completa.

No obstante, existen modelos y enfoques diferentes para comprender y abordar este fenómeno. En primer lugar, se ha acuñado desde la década de los noventa el concepto de uso problemático de sustancias para reemplazar términos como adicciones y dependencia a sustancias. El cambio terminológico no es solo cosmético: implica un traslado desde una concepción de trastorno mental individual de base caracterológica/biológica a una concepción basada en las consecuencias del uso problemático para el individuo y su comunidad.

En forma paralela se ha avanzado en nuevos enfoques para el tratamiento del uso problemático de sustancias, particularmente hacia los programas de Reducción de Daños (PRD). Los PRD también nacen en la década de los noventa, en Reino Unido y Francia, en programas de sustitución de heroína por metadona, caracterizados en desviar el centro del tratamiento desde el logro de la abstinencia hacia objetivos intermedios más alcanzables a corto y mediano plazo -por ejemplo, que los consumidores evitaran compartir jeringas- para seguir con el reemplazo del uso inyectable por otras prácticas de consumo, con el fin de reducir el consumo hasta lograr la interrupción. También, los PRD tienden a poner énfasis en la integración social y comunitaria de los consumidores, promoviendo una visión de derechos ciudadanos de los usuarios de sustancias, así como en el trabajo para modificar las representaciones sociales negativas sobre ellos.

Los PRD se pueden entender como “toda acción individual, colectiva, médica o social, destinada a minimizar y reducir los efectos negativos del consumo de drogas y otras prácticas asociadas -como la sexualidad insegura y las situaciones de violencia- en las condiciones jurídicas y culturales actuales” (extraído de http://www.reducciondedanos.cl/wp/?page_id=14).

Los PRD son comúnmente utilizados para el tratamiento de consumidores problemáticos de sustancias en sus comunidades en varios
países miembros de la Unión Europea, Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda y en algunos países de América Latina, incluido Chile, en particular en los programas de la Fundación Paréntesis. También son recomendados por la Organización Mundial de la Salud y han reportado notables mejoras en las tasas de recuperación individual y social de las personas que presentan un uso problemático de sustancias.

Queda para cada profesional de salud mental que trabaja en el ámbito de las adicciones o uso problemático de sustancias, abstinencia o reducción de daños, posicionarse técnica y éticamente frente al problema del diagnóstico y tratamiento de este tipo de fenómenos.

Desde acá recomendamos los programas de reducción de daños para consumidores problemáticos de sustancias.

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