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¿Psicología para todos?


Por Irene Salvo Agoglia* y Daniela González Larraín**. *Profesora Facultad de Psicología UAH. Psicóloga, Universidad de Chile. Doctoranda en Psicología, Universidad de Buenos Aires, Argentina. **Coordinadora del Centro de Atención Psicológica, Universidad Alberto Hurtado. Licenciada en Psicología, UDP. Terapeuta Familiar y de Parejas, Instituto Chileno de Terapia Familiar.

“Es señal de sanidad tener sexo con la pareja por lo menos tres veces a la semana”. “Si la niña no hace caso a los padres es porque hay algo que está fallando en esos padres”. “Los jóvenes buscan su identidad, por eso usan tatuajes, no se alarmen por eso”. “La gente que consume droga es porque tiene baja autoestima”.

Día a día, nos vemos enfrentados a la presencia cada vez más frecuente de la Psicología y sus representantes en los medios de comunicación masiva, tanto en sus formatos periodísticos como de ficción en los que el discurso “psi” se instala como referente en el escenario social.

La presencia de profesionales de la Psicología en los medios puede beneficiar o perjudicar tanto a la disciplina como a la audiencia. En primera instancia, si consideramos la creciente demanda de ayuda psicológica y las aún limitadas oportunidades de cobertura existente, la participación mediática podría contribuir a quitar el halo enigmático y hermético del lenguaje disciplinario y, en cierta medida, avanzar hacia la democratización del acceso a la Psicología.

A pesar de lo anterior, los medios exceden y restringen el marco de la disciplina. Los psicólogos que participan en ellos conviven con ideologías, valores, intereses y objetivos muchas veces no coincidentes e incluso opuestos a los propios: muchas veces estarán inmersos en una lógica efectista que apunta al rating. Sus discursos, en cierto sentido, pueden jugar el rol de adoctrinamientos que refuercen ciertos comportamientos o formas de vida más “adecuadas” o “inadecuadas”, constituyendo formas de vigilancia social, autovigilancia y autodisciplinamiento de lo que puede pensarse, sentirse y hacerse en un contexto social determinado.

En cualquier caso, pareciera existir consenso en torno al carácter no terapéutico, y más bien psicoeducativo que deben tener las intervenciones, o del rol de transmisión de conocimientos de acuerdo al estado actual y provisorio de la disciplina. Esto, porque si bien algunos programas de televisión presumen de ser interactivos, tal posibilidad no se concreta en la medida en que el que mira y escucha no es a su vez escuchado, no puede responder y se vuelve anónimo.

Resulta así una comunicación unilateral, no retroalimentada, en la que el psicólogo dirige su opinión hacia un público desconocido, sin saber las características particulares del mismo, lo que hace muy difícil promover la reflexión en un público general. Entonces, ¿es razonable dar indicaciones generales sin conocer nada sobre los antecedentes de la persona? ¿Cuánto bien puede hacer un psicólogo en pocos minutos editados y muchas veces sacados de contexto?

Estas cuestiones son contempladas en la normativa específica expresada en el Artículo 16, del Código de Ética Profesional del Colegio de Psicólogos de Chile A.G. (1999), que, entre otros lineamientos, sugiere que la participación mediática de los profesionales se fundamente científicamente, que cumpla con objetivos educativos o divulgativos, que aporte opinión calificada y que se abstenga de efectuar diagnósticos, pronósticos o dar indicaciones terapéuticas. A nuestro entender, los profesionales que estén dispuestos a participar en los medios deberán abstenerse de ofrecer miradas simplistas, deterministas y/o reduccionistas de los fenómenos humanos, y en cambio ayudar a despertar la curiosidad e incentivar la reflexión crítica sobre temas amplios y complejos. Quizá ello implique abrir más preguntas antes que ofrecer soluciones de corte masivo, que
parecen extraídas de leyes universales sobre el comportamiento y la “psiquis” del ser humano. Debemos estar muy conscientes de la posibilidad de que nuestras palabras puedan inducir un daño que es importante evitar.

Más allá de la ineludible consideración de una guía deontológica, resulta fundamental una actitud profesional crítica y la generación de instancias concretas promovidas desde lo gremial y/o académico para reflexionar en conjunto sobre estas cuestiones.

Los desafíos y riesgos que presenta la participación de los psicólogos en los medios no deben sustraernos de la oportunidad de participar en ellos. Podemos representar un aporte al ejercer una función preventiva y promocional de la salud mental (siempre desde una determinada ideología y con una lectura parcial), que permita desmitificar diversas creencias fuertemente instaladas en la cultura.

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