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Extensión del posnatal ¿Más o mejor tiempo juntos?


Por Ps. Javiera Navarro, Psicóloga y Licenciada en Psicología, Pontificia Universidad Católica de Chile. Master en Psicología Forense, Kings’ College London University, Londres. Master en Observación Psicoanalítica, Tavistock and Portman NHS Trust, Londres. Diploma en Psicoterapia Forense, Tavistock and Portman NHS Trust, Londres.

La discusión sobre ampliar el posnatal a seis meses parece liviana si no discutimos primero la calidad de la relación entre un recién nacido y su cuidador. Desde la segunda guerra mundial, un grupo de investigadores encabezados por John Bowlby habían recolectado evidencia suficiente para afirmar categóricamente que desde una mirada evolutiva, un bebé requiere para sobrevivir la presencia de un otro. Y este otro, más allá de que lo alimente, debe establecer una relación afectiva con el bebé, una que le permita al último desarrollarse y crecer de manera sana. A esta relación especial que se inicia al comienzo de la vida se le llama “apego”.

El apego es hoy un concepto que se utiliza de manera extendida. Sin embargo, muchas veces no hay una comprensión profunda de la complejidad de esta relación temprana. El apego no es el vínculo entre un bebé y una madre al minuto de nacer, sino la relación que se desarrolla durante el primer año de vida. Un apego seguro está determinado por la calidad de las interacciones: el cuidador debe ser sensible a las señales del bebé y responder oportunamente a sus necesidades. Por ende, lo central de la discusión sobre ampliar el período posnatal es que efectivamente, para establecer una relación de calidad, se requiere de disponibilidad concreta (más tiempo juntos). Sin embargo, también se requiere de disponibilidad emocional (mejor tiempo juntos).

La investigación en desarrollo temprano demuestra que los bebés nacen “programados” para buscar experiencias de conexión emocional con su cuidador y que, en condiciones ideales, la madre puede satisfacer esa necesidad de conexión. Por ejemplo, un bebé a minutos de nacer preferirá el rostro de su madre por sobre cualquier otro, y podrá establecer contacto visual con ella en vez de tomar su pecho si es situado sobre ella (la distancia exacta que él puede enfocar es la distancia que existe entre el pecho y la cara materna).

Sin embargo, la psicología humana es siempre más compleja. No todas las madres van tener la disponibilidad emocional para satisfacer estas necesidades de los bebés. Los efectos devastadores para el desarrollo infantil de la depresión posparto (Murray, 1997; Field, 2007) son una prueba de ello. Las investigaciones longitudinales de Peter Fonagy (1991) han demostrado que los bebés establecen patrones de apegos específicos y distintos con sus madres y padres, por lo tanto, un bebé que ha desarrollado un apego inseguro con su madre puede tener un apego seguro con su padre. Esto le permite al bebé un grado de flexibilidad mayor y significa que se beneficia enormemente de una relación temprana con ambos progenitores.

Sabemos que el desarrollo de una relación de apego seguro es la mejor garantía de salud mental en la adultez, por lo tanto existen claros beneficios sociales para apoyar medidas que promuevan que cuidadores y bebés pasen más tiempo juntos. Lo importante es que junto a un posnatal extendido existan estrategias que fomenten el establecimiento de relaciones sólidas entre cuidadores y bebés; desde apoyos comunitarios a estrategias terapéuticas en casos de alteraciones graves de la relación.

Los casos deben ser analizados en sus contextos. El apego debe ser comprendido como una variable más profunda que sólo pasar más tiempo juntos. Los padres deben ser incluidos en la ecuación y la clave fundamental es fomentar la sensibilidad de los progenitores para aprender a leer las señales de sus bebés. Por lo tanto, junto a la extensión del posnatal es importante desarrollar servicios que apoyen la calidad de la relación entre cuidadores y bebés. Por ejemplo, la creación de centros que desarrollan grupos para cuidadores y bebés, donde hay espacio para jugar juntos, conocer a otros cuidadores, recibir consejos y eventualmente apoyo psicoterapéutico si fuese necesario, es una medida que en otros países tiene mucho éxito. Estos centros, además, fomentan la participación tanto de madres como padres (y otros a cargo).

Las prácticas de crianza están determinadas por nuestras elecciones más que por determinismos evolutivos. En consecuencia, está en nuestras manos, como sociedad, reflexionar sobre la manera de relacionarnos con y pensar en nuestros bebés. Está en nuestras manos poder discutir en torno a los roles de madres y padres en el primer período de la vida. Está en nuestras manos desafiar patrones de género tradicionales y pensar en un posnatal compartido. Hoy tenemos muchas más herramientas para hacerlo y, junto a una ley sobre extensión de posnatal, debemos pensar en condiciones que promuevan el establecimiento de una relación temprana de calidad entre un bebé, su madre y su padre.

Referencias

  • Bowlby, J. (1969) Attachment. New York, BasicBooks.
  • Field, T. (2007) The amazing infant. Oxford, Blackwell Publishing.
  • Murray, L. & Cooper, P.J. (eds.) (1997) Postpartum depression and child development. London, Guilford Press.
  • Fonagy, P. (1991) Measuring the ghost in the nursery: a summary of the main findings of the Anna Freud Centre-University College London.
  • Parent-Child Study Bulletin of the Anna Freud Centre, 14, 115-131.

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